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La Casa Consistorial se hace macarena

Tenía prevista su llegada a las 10.30 horas de la mañana, aunque, como no podía ser de otra forma, lo hizo a las doce del mediodía. En este caso la culpa no la tuvieron los temidos cangrejeros ni las eternas revirás en Santa Ángela más propias de la Madrugá, sino la densa circulación de un lunes, y encima primer día de septiembre.

el 15 sep 2009 / 11:02 h.

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Tenía prevista su llegada a las 10.30 horas de la mañana, aunque, como no podía ser de otra forma, lo hizo a las doce del mediodía. En este caso la culpa no la tuvieron los temidos cangrejeros ni las eternas revirás en Santa Ángela más propias de la Madrugá, sino la densa circulación de un lunes, y encima primer día de septiembre. El palio de la Esperanza Macarena desembarcó en la mañana de ayer en la Casa Consistorial, donde que dará expuesto al público desde el jueves mientras duren las obras de ampliación del museo de la Basílica que comenzarán en unas semanas.

El director del Área de Fiestas Mayores, Carlos García Lara, hizo los honores de recibir la que es una de las joyas artísticas de la Semana Santa. Apostado en la esquina de Entrecárceles con la Plaza de San Francisco, García Lara dirigía todo el operativo. A las doce del mediodía el esperado camión hacía su entrada en la plaza. Al volante, José Garrota, natural del municipio de Gines que, acompañado de su hijo, el pequeño José de 13 años, gozó del privilegio de cargarlo en su vehículo: "Es la primera vez que transporto un palio. Es un orgullo ser conductor del paso de la Macarena", explicaba José mientras maniobraba por delante de la fuente de Mercurio, frente al Banco de España.

Allí, a la sombra de los toldos en la Plaza Nueva, delante de la puerta del Salón del Apeadero aguardaba una cuadrilla de cargadores compuesta por jóvenes auxiliares de priostía, costaleros y dos empleados de la Basílica. Y es que las pasiones futbolísticas de los priostes les había llevado a éstos a ausentarse en el momento de la descarga.

Al traslado del palio que bordara Esperanza Elena Caro en 1942 siguiendo las trazas del anterior de Juan Manuel Rodríguez Ojeda no le faltó ni música ni cierta bulla en su delantera. Dos vehículos mal aparcados en la Plaza de San Francisco provocaron un parón al camión del palio justo en la esquina con Hernando Colón, con el consiguiente atasco. A falta de cornetería, fueron los claxons de los coches los que pusieron la banda sonora. El alboroto reclamó la atención de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que cual César desde el balcón del despacho del alcalde dio su particular venia al traslado.

En una hora. Poco menos de una hora tardaron en bajar pieza a pieza el palio desmontado de la Señora de San Gil. A las 12.15 horas José Garrota abría las puertas de su tráiler. La plata repujada del memorable Marmolejo comenzó a brillar con los primeros rayos de sol que se colaban en el vehículo.

A Ángel Luis, uno de los empleados de la Basílica junto a Enrique, sólo le faltaron dar un par de instrucciones a los chavales para que comenzaran los trabajos de una forma ordenada y "con mucho mimo".

La mayoría de estos improvisados transportistas macarenos sintieron por primera vez el tacto de las jarras y los varales de la Esperanza. Era el caso del hijo del conductor del camión, José. Agarrado contra su pecho portó una de las jarras laterales que perfuman la parihuela del paso. El permiso vacacional del que aún gozaba este escolar le permitió vivir la experiencia: "Creo que es algo único. Yo soy macareno y salgo de nazareno en el penúltimo tramo del Sentencia". Y es que, según su padre, su devoción macarena se la debe a su tío Martín Rico, "patero del Sentencia durante mucho tiempo". "Él fue quien lo apuntó porque al estar casado con una devota de la Esperanza de Triana, lo único que le quedó fue sacar a su sobrino", bromeaba el progenitor del pequeño.

Poco a poco van bajando las piezas de la candelaria, los candelabros de cola, la parihuela desmontada y los varales. La estampa reclamó la atención de viandantes y turistas, que se pararon a curiosear y hasta preguntaban al ver en la puerta del Apeaderos tres de los seis varales erectos y enfilados: "¿Va a salir una procesión?". Entre la gente que se arremolinaba ante el camión asomaba un rostro conocido: el ex delegado del Lunes Santo, Manuel Yruela.

Después de sacar las bambalinas, el manto camaronero, la saya de la coronación y la corona de camarín de Joyería Dalmás, llegó la hora del techo de palio, la última de las piezas que escupía el camión. Por su dimensión tuvo que bordear el edificio por el arquillo para entrar por la puerta principal de la Plaza Nueva. Entre los portadores, un costalero del Sentencia que iba marcando el paso. Allí, en el patio donde se muestran las maquetas de las puertas de Sevilla y junto a la escalera principal, quedó arriado el techo de palio. El montaje de la parihuela comenzó de inmediato. Todo tiene que estar listo para el jueves, día en el que el alcalde inaugurará esta exposición insólita en Sevilla en una Casa Consistorial que se hará macarena.

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