Local

La CHG cierra los pozos ilegales de Aznalcázar en pleno verdeo

Del olivo al paro. Ésa travesía les espera a 30 jornaleros tras la campaña de verdeo en una finca de Aznalcázar, pues mañana se tapará el pozo donde obtenían el agua. Foto: El Correo.

el 15 sep 2009 / 16:20 h.

TAGS:

Del olivo al paro. Ésa travesía les espera a 30 jornaleros tras la campaña de verdeo en una finca de Aznalcázar. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir tapará mañana el pozo en el que obtenían el agua por estar en zona sobrexplotada. Además de cumplir la ley, el cierre cercena la productividad de estas tierras.

Los jornaleros de la finca de Antonio Muñoz trabajan a contrarreloj, a sabiendas de que el grifo del agua ya está cerrado. Después de una mañana de trabajo, el propietario no pudo arañar ni una prórroga al cierre del pozo y sólo le han permitido desmontar la bomba de agua. "No hay marcha atrás y ahora sólo queda salvar la cosecha del año", comenta resignado Antonio, que ha decidido contratar a 20 rumanos -con los papeles en regla, como bien precisó- para recoger lo que puedan.

Y es que no hay mucho tiempo. Tal vez tres días desde que se queden sin agua, lo que deja poco margen a una recogida de la aceituna de mesa que iba a durar 15 días más. El dueño de la finca está apenado, pero no por la cosecha del año, sino por dejar en interrogante el futuro del olivar, de unas diez hectáreas y que produce 80.000 kilos de aceitunas, una productividad que da trabajo a 30 jornaleros que, casualmente, son amigos y vecinos de Aznalcázar.

Afectados. "Yo soy albañil y por la crisis me vine al verdeo y, fíjate por donde, también me cierran la puerta", expone Juan Carlos Cardoso. Uno de los más afectados es Juan Núñez, que no sólo está en la recogida, sino que trabaja en la finca todo el año. Como buen agricultor, dice que estas tierras irán poco a poco perdiendo productividad, pero "el pato lo pagarán los obreros, que sólo quieren peonadas para comer". Además, insiste en que la explotación del pozo se hace con cautela y mediante el riego por goteo, ya que los olivos necesitan poca agua.

Igual o más inquieta aún estaba Ana Perea que, subida en una escalera junto a un olivo, no hace más que darle vueltas a la cabeza pensando qué pasará el año que viene. "Si nos quitan lo poco que tiene este pueblo no sé como vamos a vivir", se sincera.

Antonio Muñoz ya había recibido algunas multas por el uso del pozo, que había pagado puntualmente. Pero nunca pensó que ordenarían su cierre en plena campaña de verdeo. Una vez notificada que la decisión es firme, se echa a temblar con sólo pensar en la posibilidad de que lo que le está pasado a él le ocurra a más dueños de fincas, lo que sería "un auténtico desastre" para el sector

  • 1