Toros

La cirugía del toreo

El diestro retirado José Antonio Campuzano y el doctor Ramón Vila, cirujano jefe emérito de la enfermería de la Maestranza protagonizaron un nuevo mano a mano de la Fundación Cajasol.

el 21 may 2014 / 23:26 h.

TAGS:

José Antonio Campuzano, José Enrique Moreno y el doctor Ramón Vila, ayer en la Fundación Cajasol. / J.M. Paisano José Antonio Campuzano, José Enrique Moreno y el doctor Ramón Vila, ayer en la Fundación Cajasol. / J.M. Paisano El recentísimo y triple percance de Madrid dotaba de un interés añadido a la cita. En las tablas del viejo Álvarez Quintero, en la estela de los mano a mano de Cajasol, se sentaban los intérpretes veteranos de dos especialidades que siempre han caminado de la mano: la cirugía y el toreo. Ramón Vila, jubilado y felizmente recuperado de una inesperada cornada de la vida, ha tenido entre sus manos la vida en borbotones de esos hombres de luces que saben que la frontera con la muerte es muy estrecha. Pero el cirujano jefe emérito de la plaza de la Real Maestranza se sentaba junto a un gran matador de toros, José Antonio Campuzano, que conoce perfectamente el dolor de la cornada y la agonía interminable del camino al quirófano de la plaza. Los aficionados de mejor memoria recordaban aquel percance de Calahorra, muy pocos días antes de la muerte de Paquirri, que también estuvo a punto de costarle la vida en una tarde de septiembre de aquel duro 1984. Pero hablar de Francisco Rivera es volver la mirada a Ramón, el amigo que no pudo llegar por esas carreteras endiabladas de mediados de los 80 a la llamada del torero caído en Pozoblanco. Vila refirió el comienzo de aquella amistad íntima con Paquirri, justo al suceder a su padre, el recordado cirujano Ramón Vila Arenas, al frente de la jefatura de la enfermería de la plaza de la Real Maestranza. «Cuando me tocó ponerme en el lugar del jefe, me encontré con las dos cornadas a Paquirri, una en cada pierna. Ellos saben hasta donde llega el pitón y Paco me indicó cual de las dos cornadas era la más profunda aun pareciendo la más pequeña por el orificio». El gran diestro de Barbate, recién ingresado en el quirófano maestrante pidió la presencia del viejo galeno. «O te opero yo o te vas ahora mismo», fue la respuesta del joven Ramón Vila, que inauguraba así una relación fraternal que sólo se quebró en la punta del pitón de Avispado. Los toreros aceptan las cornadas con la entereza de hombres de otros mundos. Campuzano refería ayer su propia experiencia y hacía una especial mención al trágico festejo de Madrid, hace sólo dos días: «Después de lo que ha pasado en Las Ventas no hay persona que no piense en el riesgo que corre el torero», explicó el diestro de Gerena reconociendo que «el torero lo piensa, pocas veces, pero hay momentos en que crees que puede ser hoy, afortunadamente nunca pasa el día que lo piensas. Siempre ha sido cuando menos te lo esperas y al toro se le ha dado menos importancia de la que tiene», explicó el matador. José Antonio admitió también que luchar contra ese miedo es muy complicado: «Me sirvió una anécdota con una señora que se acercó a hablar conmigo un día para decirme que había sido mi madre en otra vida y que en el mundo del toro no me iba a pasar nada malo. Que hiciera ejercicios de respiración antes de salir, y yo no tenía nada que perder así que le hice caso. Y a partir de ahí dejé de tener esa angustia. Posteriormente me enteré que esa señora había sido vidente y que había fallecido», concluyó.

  • 1