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La ciudad fantasma

La guerra que sufre Somalia desde hace años está convirtiendo a la capital, Mogadiscio, en una ciudad fantasma, abandonada por las dos terceras partes sus habitantes, y en muchos de sus barrios los únicos seres vivos que hay son los gatos y cabras. Los ciudadanos huyeron hartos de la violencia.

el 15 sep 2009 / 04:45 h.

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La guerra que sufre Somalia desde hace años está convirtiendo a la capital, Mogadiscio, en una ciudad fantasma, abandonada por las dos terceras partes sus habitantes, y en muchos de sus barrios los únicos seres vivos que hay son los gatos y cabras. La gente está harta de la violencia que se agudizó a inicios de 2006. Los refugiados que viven en las cercanías de la ciudad se acercan a medio millón y, en las calles, los niños que quedan incorporan la guerra como uno de sus juegos.

Ahmed Ali, Mohamed Hasan y Dubad Nur son tres adolescentes que juegan a matarse en una calle de Mogadiscio. El primero es combatiente islámico, el segundo un militar de Gobierno y el tercero un soldado etíope. Lo interesante es que, antes de ponerse de acuerdo, nadie quería ser militar del Gobierno. "Los insurgentes son más fuertes que el Gobierno, y nadie quiere ser derrotado", dice Ali, de 13 años.

El último período con relativa calma en Mogadiscio fue a finales de 2006, cuando la ciudad y amplios sectores del centro y sur del país estuvieron controlados por los Tribunales Islámicos. Pero una ofensiva etíope expulsó a los milicianos de los territorios que controlaban y desde entonces la ciudad es un caos.

Hay barrios del sur y otros periféricos del norte de Mogadiscio que están desiertos. La mayor parte de las casas están destruidas, abandonadas o saqueadas. Sus moradores viven a las afueras o en países vecinos a los que llegaron escapando de la guerra y de las acciones de la guerrilla islámica. En esos lugares sólo hay gatos y cabras. Muchos de ellos también fueron víctimas de los bombardeos y sus restos putrefactos están esparcidos por las calles.

En el camino entre Mogadiscio y Afgoi, una aldea a las afueras, hay 400.000 desplazados internos que salieron de la ciudad por los combates entre los milicianos islámicos y las tropas etíopes. Y es que la comida y el techo escasean, no hay puestos médicos y la gente sobrevive gracias a la poca asistencia internacional que llega a este rincón del África profunda.

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