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La ciudad que funciona

Richard Rogers, arquitecto inglés conocido, entre otras actuaciones, por la T-4 del aeropuerto de Barajas, afirmó en su momento que, en lo tocante a las ciudades, el desafío para el siglo XXI consistía en hacer que "funcionasen, para ricos y pobres".

el 15 sep 2009 / 16:15 h.

Richard Rogers, arquitecto inglés conocido, entre otras actuaciones, por la T-4 del aeropuerto de Barajas, afirmó en su momento que, en lo tocante a las ciudades, el desafío para el siglo XXI consistía en hacer que "funcionasen, para ricos y pobres". De manera precisa, ligaba el concepto ciudad, como si de una máquina se tratase, a las personas que le dan vida, es decir el concepto ciudadanía. De esa relación surge una serie de principios que nos ayudan a percibir la calidad de ese funcionamiento. Es el caso del liderazgo político, que, además de hablarnos de que los responsables saben conducir los asuntos públicos, nos refleja la manera en que en el día a día están ocupados con la ciudad. De ahí que las confrontaciones con sus partidos políticos comporten tanto una quiebra de la democracia local como del funcionamiento de la ciudad. Otro principio importante es el juego de los diferentes intereses que se manifiestan en la ciudad y que han convertido en natural las presiones de diferentes colectivos. Sería razonable pensar que estos responden a grupos sociales, pero sabemos que no es así y que la lógica de su actuación es muy diversa. Pongo como ejemplo el posicionamiento del órgano de representación de los arquitectos sevillanos respecto a un edificio llamado a ser emblemático y con evidente proyección urbanística. Su respuesta, al ser hilarante, viene a reflejar muy bien un cierto orden de la ciudad que se pretende respetar y una ausencia de compromiso con el funcionamiento de la ciudad.

Y un tercer principio podría ser el comportamiento de la propia ciudadanía, que conforma una proyección pública en lo que hace a sus valores. Un ejemplo podría ser el de esos estudiantes universitarios que cierto día optan por celebrar una botellona antes que por estar en clase, llamando la atención acerca de que algo, o mucho, de la ciudad que hemos construido los adultos no funciona.

Director del Centro de Estudios Andaluces

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