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Cultura

La ciudad se puso a sonar

Sin grandes fastos, el Día de la Música se vivió en todos los barrios con una miríada de pequeñas propuestas para todos los gustos.

el 22 jun 2014 / 00:11 h.

Los conciertos de música de todo tipo se sucedieron en distintos enclaves de la ciudad con motivo del Día de la Música. / fotos: Carlos Hernández Los conciertos de música de todo tipo se sucedieron en distintos enclaves de la ciudad con motivo del Día de la Música. / fotos: Carlos Hernández Durante toda la tarde de ayer, en el patio del Cicus de la Universidad de Sevilla, DJ Manu Ventura ponía a punto los platos y la electrónica y vigilaba de cerca a los músicos que le iban a acompañar en su concierto de la noche. Con la particularidad de que estos no eran otros que los que conforman la Orquesta Barroca. Fue uno de los inéditos encuentros que propició el Día de la Música, una jornada que se disfrutó en pequeños sorbitos, sin grandes fastos ni citas de trascendencia, pero que consiguió poner a sonar innumerables rincones y espacios de la ciudad. Viene siendo una tradición no escrita que, salvo contadas excepciones, en este día los escenarios más importantes permanecen en silencio y las musas, entreveradas entre el público, se confunden para poner a sonar cafés, bares, pequeñas salas independientes y hasta ejercen de animadoras callejeras del cotarro. Parece una fiesta de fin de curso, una sencilla traca final a la temporada en la que todo el mundo se impelido a participar. «La Orquesta Barroca tocará temas muy célebres de su repertorio y luego yo los comentaré en clave de baile para acabar con una sesión puramente electrónica», era la idea que esbozaba ayer DJ Ventura en el Patio del Cicus. Cualquier lugar es bueno para bailar acompañados de la música en directo. Cualquier lugar es bueno para bailar acompañados de la música en directo. Horas antes, la Alameda cobraba forma de backstage de festival indie. En casi todas las terrazas se preparaban pequeños escenarios en los que se iban a situar grupos y artistas que, en muchos casos, iban a tener su primera oportunidad. Es lo que tiene andar escasos de parné; al menos los recién llegados tienen más fácil obtener un lugar donde hacerse oír. A las seis, Doctor Música Ismael, que no es precisamente un pipiolo, reivindicaba lo vintage y el buen sonar de los años 60 y 70 con un dj set en Badulaque; y una hora después, en el Corral de Esquivel; Microondas y Victoria Ford se unían en un concierto de pop urbano en formato de bolsillo y más inocente en sus letras que un episodio de Doraemon. Coincidiendo con ellos, el bar Piola recibía a Yumori; y para entonces el público que comenzaba a darse cuenta de qué iba la cosa iniciaba un sutil serpenteo entre los mini-escenarios. La fiesta se extendería hasta bien entrada la noche, siendo la Alameda el fortín de las músicas populares, que no especialmente contestatarias. Nuevos tiempos contemplan al bulevar que otrora hicieron suyo los cantautores y los viejos rockeros. Bluseando, The Piccoletones, Termostato y Atómica fueron algunos de los que cerraron la jornada. Las setas fueron el refugio de adolescentes que, como imantados por el constante traqueteo de los bajos, acudían a su particular Fiesta de la Música. Lektrono & Popout, Holed Coin y David Surex eran solo algunos de los que ayer pincharon (en sentido estricto, no crítico) en Metropol Parasol, una disco-light en la que se agotaron las reservas de Fanta y que se tornó algo más madurita en la anochecida, con el aterrizaje de treintañeros rezagados. Hubo músicas también en el Parque de María Luisa; de la Tuna a la Banda Municipal. Hondura en Los Remedios con Pareja Obregón, sones medievales en la Macarena con Artefactum y flamencos incipientes en La Ranilla de Nervión. La Asociación Coral de Sevilla defendió su parcela en la Anunciación y Juventudes Musicales apostó por lo seguro con un recital de piano en su pabellón del 29. Hubo un poco de todo; como ir de tapitas y no quedarse saciado.

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