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La clase política

A pesar de que el rasgo más comúnmente distintivo del político es su propensión a la confrontación feroz, ni aunque sea eso cierto se ensombrece la nobleza del trabajo. Es cierto que hay algún ejemplar que sólo practica la bronca porque la negociación...

el 15 sep 2009 / 02:41 h.

A pesar de que el rasgo más comúnmente distintivo del político es su propensión a la confrontación feroz, ni aunque sea eso cierto se ensombrece la nobleza del trabajo. Es cierto que hay algún ejemplar que sólo practica la bronca porque la negociación y el pacto exige de unas convicciones sutiles y de la inteligencia necesaria para distinguir entre lo que se puede ceder y lo que no.

Pero aún en esos casos puede hablarse del digno trabajo del político. Una prueba constante de que la honradez caracteriza su tarea es que la corrupción constituye excepción frente a una mayoría aplastante de gente honrada que dedica su tiempo a la búsqueda del bien común, aunque muchos de ellos no lo sepan.

Hay una gran diferencia entre el que dedica su vida al trabajo público y el que centra sus esfuerzos en el logro de su bienestar personal y familiar a través de un trabajo privado. Sin plus de antigüedad, ni más escalafón que el que uno mismo se procura. Sin la compensación económica que justifica la mayoría de los esfuerzos de la vida laboral privada. Y, en la mayoría de los casos, sin el prestigio social que otras tareas mejor remuneradas llevan aparejadas. Esa es la foto-fija de un político medio en España. Y sin embargo, la sociedad no coloca entre las actividades de prestigio a los políticos. Probablemente ellos mismos no cuiden adecuadamente la imagen del conjunto de la clase política, incluida la de sus adversarios. Si lo hicieran, las cosas nos irían mejor.

Abogado

crosadoc@gmail.com

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