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La cofradía de Santa Catalina renace en Los Terceros

El Cristo de la Exaltación y la Virgen de las Lágrimas pudieron lucir ayer los estrenos que han ido acumulando tras dos años sin salir por culpa de la lluvia. Exiliada en Los Terceros, la hermandad recordó a Marta del Castillo y a David, un costalero del palio fallecido en accidente de tráfico al que ayer su tío materno sustituyó bajo las trabajaderas

el 16 sep 2009 / 01:10 h.

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I. Comesaña

Tras dos años sin salir por culpa de la lluvia, a la señera hermandad de La Exaltación -una de las más antiguas, sus titulares han visto pasar varios siglos- se le acumulaban ayer tantos estrenos que parecía una cofradía nueva. La Virgen de las Lágrimas no pudo procesionar hace dos años tras ser restaurada, ni lucir el año pasado las mejoras hechas en su palio, a lo que ayer se sumaba la rehabilitación integral del Cristo y de varias figuras del misterio. Agradecida, la cofradía cedió el martillo de la dolorosa al restaurador Pedro Manzano, artífice de la segunda juventud del Señor y de la Virgen, para que hiciese la primera llamada al palio.

De estreno fue también el día para Alfonso, que a sus tres años salía por primera vez por su propio pie, tras su fugaz participación en la cofradía a bordo de su carrito el año que nació. En cambio ayer nadie podía controlar la energía que irradiaba en su primera inmersión cofrade, grabada cariñosamente en vídeo por su madre. Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el padre de Alfonso, vinculado desde siempre a La Exaltación por lazos familiares, también tuvo ayer el privilegio de hacer la primera llamada, en su caso al paso de misterio.

Pero no todas las primeras veces son tan felices. La levantá del palio justo antes de asomarse a la calle se dedicó a que "la Virgen de las Lágrimas ayude a encontrar el cuerpo de Marta" del Castillo, "para que se reúna con nuestro David en el cielo". Y mientras la madre de David, Sara Rico, presenciaba entre lágrimas la primera salida de su cofradía desde que su hijo falleció en accidente de tráfico hace dos años, el tío del chaval ocupaba el lugar que David tenía bajo las trabajaderas del paso de la Virgen de las Lágrimas. También ella llevaba en el paso un ramo de flores blancas, una foto de David y un poema con el que su familia quiso recordar al chico, que hoy tendría 23 años, recordaba su madre.

Con todo eso a sus espaldas, el enorme misterio del Cristo de la Exaltación, con sus caballos, sus figuras y sus recuerdos a cuestas, se abrió paso hasta salir de la iglesia de Los Terceros, que acoge desde hace años a la hermandad por el lamentable estado de la iglesia de Santa Catalina, cuya restauración no acaba de arrancar.

Desde fuera lo vio salir Carolina Merino, que a sus 23 años también estrenaba, en este caso mantilla. Ni el cansancio tras toda la mañana viendo inglesias ni los "tironcillos" que sufrió en la bulla la disuadieron de aguantar hora y media para ver a la cofradía, que para eso es la suya.

Cuando les llegó el turno, los costaleros del palio ya no podían esperar más: "Lo que yo mande", les dice el capataz. Desde dentro se oye un grito: "¡Lo que tú mandes, pero vámonos pafuera ya, que tenemos muchas ganas!". Con todas esas ganas, el palio sale a la calle y antes de que esté del todo fuera comienza a sonar María Santísima del Subterráneo, cambiada a última hora y dedicada a la dolorosa de la hermandad que les hace de anfitriona en Los Terceros. Y bajo un sol brillante, tras una petalada, la cofradía sale por fin a lucir sus estrenos.

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