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La comarca pide socorro

El Aljarafe como territorio no aguanta ya mucho más. No es que sea una gran novedad, porque el sentido común viene pregonándolo desde hace tiempo, pero ahora también lo resalta un estudio que alerta de que se está a punto de superar un punto sin retorno.

el 15 sep 2009 / 12:01 h.

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El Aljarafe como territorio no aguanta ya mucho más. No es que sea una gran novedad, porque el sentido común viene pregonándolo desde hace tiempo, pero ahora también lo resalta un estudio que alerta de que se está a punto de superar un punto sin retorno: aunque deje de sufrir agresiones, su degradación ya no tendría marcha atrás.

En la comarca del Aljarafe "ha desaparecido casi totalmente el paisaje original". La voz de alarma la da el geógrafo Francisco Borja, profesor de la Universidad de Huelva y gran conocedor de un territorio -fue uno de los responsables de la regeneración ecológica del Guadiamar tras el vertido tóxico de Boliden- al que la presión de la mano del hombre "está llevando al límite". Y la cosa, advierte, puede ser aún peor.

Así lo defiende en su estudio Territorio Aljarafe: modelo natural y paisajes culturales, presentado en la reciente Jornada Arqueológica del Aljarafe y en el que alerta de que los ecosistemas de la comarca "dan síntomas de saturación, está a punto de superarse la línea en la que no podrán volver a su ser aunque ya no se ejerza esta presión". Un dato refleja cómo han cambiado las cosas: en 1956 el suelo ocupado por usos urbanos era del 2%, cifra que en 2005 era del 18%.

Esto se ha traducido en una pérdida de riqueza vegetal, hasta el punto de que lo que queda es bastante pobre. "No existe prácticamente flora arbórea originaria, sólo se conserva un matorral mediterráneo de cierta intensidad", sobre todo en la parte occidental de la cornisa. Lo que sí se nota es la presencia de "especies oportunistas que acompañan" el avance del hombre, como la extendida y despreciada ortiga.

Así fue. ¿Y cómo sería el Aljarafe de haber sufrido una presión menor? Pues con menos edificaciones y una agricultura no tan extensiva estaríamos hablando de un denso encinar con matorrales como el lentisco, el espino negro, el jazmín silvestre, la coscoja, el torvisco... El paisaje se completaría con tomillares y otras plantas aromáticas en las zonas más densas y umbrías, amén de bosques de ribera escoltando a sus principales ríos.

Para intentar que la degeneración no pase a mayores aún más irreparables, Borja urge a la rehabilitación de los ecosistemas fluviales y de matorral mediterráneo, estableciendo corredores ecológicos y culturales rumbo a sus principales enclaves arqueológicos, como Itálica o los dólmenes de Valencina.

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