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«La comunidad científica está alarmada por los recortes sufridos»

¿Es posible explicar ítems científicos a través de una serie de humor? Sí. Joaquín Gómez lo hace con ‘The Big Bang Theory’.

el 23 ene 2015 / 16:00 h.

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LOCAL 14-15«La ciencia puede y debe contribuir al progreso del país a largo plazo». Son palabras de Joaquín Gómez, director del Centro Nacional de Aceleradores, en pleno Parque Científico Tecnológico Cartuja 93, desde donde comanda algunos de los más importantes proyectos en la materia. Y es que, los aceleradores de partículas pueden desde identificar un tumor hasta detectar la radioactividad de materiales ambientales. —Comencemos por el principio, ¿qué son los aceleradores de partículas? —Una bombilla es un acelerador de partículas a pequeña escala. Éstas ofrecen luz porque mediante el voltaje se aceleran los electrones que están en el filamento de la misma y estos emiten una energía en forma de luz. La diferencia que existe entre una bombilla y la tecnología de nuestro es que aquí conseguimos campos eléctricos y magnéticos más intensos y los protones que aceleramos tienen una energía un millón de veces mayor que la de una bombilla. —¿Puede un acelerador de partículas tratar el cáncer? —El cáncer siempre se ha tratado mediante aceleradores de partículas ya que de eso se trata la radioterapia –su tratamiento tradicional–. La radioterapia consiste en la aceleración de electrones que, al chocar, producen una luz muy intensa que es la que combate la enfermedad. Es cierto que mediante el mismo principio existen tratamientos más precisos, que consisten en la aceleración de protones. Sin embargo, estos todavía no se ofrecen en España. —¿Qué campos cubre la aplicación de los aceleradores? —Determinar la composición de muestras arqueológicas, producir átomos que ayudan al diagnóstico de enfermedades como el cáncer, encontrar componentes radioactivos en muestras ambientales o la datación por carbono 14 son solo algunas de las aplicaciones de un acelerador. Sirven para un campo de actividades tremendamente amplio. —¿En qué proyectos trabaja ahora mismo el Centro Nacional de Aceleradores de partículas? —Algunos de los más importantes se refieren a nuestra colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica para realizar medidas ambientales de pequeñas cantidades de núcleos radioactivos en la naturaleza. Asimismo, desarrollamos detectores de radiación que se utilizan para estudiar la energía de fusión nuclear, que podría convertirse en una fuente inagotable de energía. También, trabajamos en la producción de núcleos utilizados en radiofármacos, cuyo efecto se ve en un tomógrafo PET-CT. Esto permitirá en un futuro investigaciones relacionadas con el alzhéimer. —¿Por qué el Centro Nacional de Aceleradores de partículas está en Sevilla? —En España había una gran carencia de esta novedad tecnológica y, en torno al año 1992, surgió en la ciudad de Sevilla una iniciativa para instalar el primer acelerador de partículas del país. La iniciativa nació de la Universidad de Sevilla, y en colaboración con la Junta de Andalucía y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, se crea el centro nacional en el año 1997. —Hace unos días, Felipe VI pidió al Gobierno la inversión de más recursos en el terreno científico. ¿Cuál es la posición de España en la ciencia internacional? —En ciencia mantenemos todavía una situación acorde con nuestro nivel de desarrollo económico. Sin embargo, durante los últimos años ha habido un recorte muy importante en la inversión que se dedica al campo de la investigación. —¿Hasta qué punto os ha influido? No solamente nos han recortado lo que les han recortado a todos los sectores sino que también se ha reducido el porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) que se le dedica a la ciencia. En lugar de aproximarnos al tres por ciento del PIB, como el resto de países europeos, los españoles, que partíamos del 1,39 por ciento en 2008, nos situamos en un 1,24 por ciento en 2013, según datos del INE. Estamos ante una situación complicada que nos puede hacer mucho daño. En ese sentido, la comunidad científica está alarmada. La ciencia puede y debe contribuir al progreso del país a largo plazo, pero necesita medios para ello.

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