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La comunidad latinoamericana pierde peso en el padrón de la capital

La urbe perdió 55 inmigrantes, situación que se extiende también al resto de la provincia. Se produce un descenso acusado de los empadronados en América Latina, fenómeno que no logra compensar el ascenso de asiáticos y europeos.

el 26 ene 2014 / 23:00 h.

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Sevilla pierde población y una de las causas –aunque no la única– es que los extranjeros, que veían en la capital un buen lugar para vivir y echar raíces en tiempo de bonanza, ahora, con la crisis instalada en los hogares, optan por coger las maletas y poner rumbo a otros lugares con mejores perspectivas. Los inmigrantes, aunque no ocupan un porcentaje elevado en la Padrón sevillano, sí que han sido claves para que la capital hispalense se mantenga por encima de la franja de los 700.000 habitantes. Es más, los mayores incrementos demográficos de la última década vinieron impulsados por un repunte de los empadronamientos de ciudadanos de otras nacionalidades. oficina-extranjeriaEso ocurrió, por ejemplo, en los años 2008 y 2009, con un ritmo de más de 4.000 nuevos extranjeros al año inscritos en el padrón, motivado por una campaña municipal enfocada a este colectivo. Esa evolución se ralentizó en 2011, aunque no ha sido hasta dos años después cuando Sevilla ha dejado de crecer. Las últimas estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas, referentes al Padrón a fecha de 1 de enero de 2013, constatan que la capital perdió inmigrantes por primera vez en seis años. La diferencia es mínima (-55), pero sí suficiente como para ver que la balanza migratoria ha cambiado. La última vez que ocurrió esta circunstancia fue en el año 2007, cuando la pérdida también fue mínima (de 135 habitantes). En total, se contabilizan 39.296 extranjeros. No se trata, en todo caso, de un hecho puntual, como ya reflejaba, hace un mes, el avance del saldo migratorio del primer semestre de 2013, en el que se constató, por primera vez, que los inmigrantes que se iban eran más de los que llegaban a la capital. La pérdida en los primeros seis meses del año pasado se cuantificó en 1.636 ciudadanos, una cifra nada desdeñable. ¿Y a dónde van? Las organizaciones no gubernamentales avisan de que no es tanto una vuelta a su país de origen, sino que buscan una salida en otras zonas de la Unión Europea donde sí pueden encontrar oportunidades reales. Mientras, el Cuerpo Consular estima que entre un 10% y un 15% regresan a su país. La realidad es que, por una o por otra cuestión, la crisis es la consecuencia de esta variación eb las cifras del padrón. Los datos del INE no se limitan a constatar esta caída, sino que permite identificarla por países. Así, la sangría está centrada en los sevillanos de América Latina, con un descenso en el padrón del 5,1% en un año. Tanto es así que los bolivianos, segundo colectivo con más representación en la capital tras los marroquíes, han experimentado una pérdida de representatividad superior al 7%, con 230 empadronados menos. Pero no es el único país: Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú… todos han perdido peso poblacional –a efectos del Padrón, tal vez no sea tanto en la población oculta o no empadronada– en la capital hispalense. El éxodo se trata de compensar con el aumento, algo inferior al de otros ejercicios, de inscritos procedentes de Europa y Asia. Sin embargo, no es lo suficientemente importante como para contrarrestar los números negativos que arrastran los países americanos. Sólo un ejemplo: el crecimiento reflejado en 2013 en toda la Unión Europea compensa únicamente al éxodo de dos nacionalidades como Colombia y Ecuador. El único ascenso con cierta consistencia es el de la comunidad china, que ya se ha consolidado como tercera población extranjera de la ciudad. Los datos del padrón señalan que hay 3.159 chinos, lo que supone un 7,5% más que un año atrás y exactamente el doble que hace un lustro.   La provincia mengua. La marcha de inmigrantes no es un fenómeno exclusivo de la capital hispalense. También la provincia está sufriendo los movimientos migratorios. El colectivo inmigrante, incluída la capital, es de 81.854, 442 menos que un año antes. Los números negativos afloran en la mitad de los pueblos de la provincia (53 de 105), con mayor virulencia en los municipios del área metroplitana –sobre todo del Aljarafe– y algunos de la comarca de la Vega. Pero hasta en esa tendencia hay salvedades. San Juan de Aznalfarache o Villamanrique de la Condesa, considerados pueblos acogedores para la población inmigrantes, presentaron cifras positivas que le permiten tener una estadística inédita: uno de cada diez habitantes es extranjero. Una proporción que es el doble de la capital, que se sitúa en el 5,61% del total de población; y de la provincia, que desciende al 4,21%. En ambos casos, es un porcentaje bajo con respecto a las grandes poblaciones españolas. Pese a ese porcentaje, el número de extranjeros es clave en la batalla que se plantea la capital hispalense para poner en riesgo su condición de gran capital, un límite que está marcado en el listón de los 700.000 habitantes. Ahora mismo está a 169 de ese límite. Si se bajan de tal cifra, Sevilla bajaría un escalón –sobre todo en términos políticos (dos concejales), aunque también económicos ya que percibiría menos cantidad conforme menos empadronados tenga–. Pero, además, pondría en riesgo su ranking como cuarta ciudad más poblada del país, puesto que acecha actualmente Zaragoza, que lleva una década comiéndole el terreno en términos demográficos.

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