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La consagración del cómico

Los Premios Mastropiero***

Palacio de Exposiciones y Congresos. Compañía: Les Luthiers. Intérpretes: Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, Daniel Rabinovich.

el 19 oct 2011 / 05:44 h.

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Los célebres cómicos presentando al principio del espectáculo la singular gala de entrega de ‘Los Premios Mastropiero’.

Una entrega de premios audiovisuales tan disparatada como superficial. Es el punto de partida de este espectáculo con el que el célebre quinteto argentino nos demuestra su capacidad para hacer reír sin más, porque ellos lo valen.

Desde luego resulta muy gratificante que unos cómicos como los que integran este singular quinteto hayan llegado a conseguir algo que, al menos en nuestra tierra, parece casi imposible: generar un auténtico fenómeno de espectador fan, más propio de músicos y cantantes.

Claro que ellos también podrían definirse como tales, si tenemos en cuenta que su humor, a caballo entre lo satírico y lo sarcástico, incluye siempre composiciones musicales y canciones compuestas e interpretadas en directo por ellos mismos. Se trata, por lo general, de piezas breves con las que, además de completar la dramaturgia, se ganan la admiración y la complicidad del espectador gracias al absoluto virtuosismo de su interpretación.

Es una de los claves del éxito de este célebre grupo argentino, un talento musical que roza la genialidad puesto al servicio de los juegos de palabras, parodias y situaciones absurdas repletas de ironía y erudición. Porque, en definitiva, ellos son, fundamentalmente humoristas y su objetivo es hacer reír a carcajada limpia al espectador.

Podemos comprobarlo en esta obra que convocó en el auditorio de Fibes a un público tan masivo como heterogéneo que no paró de reír desde el momento en el que los cómicos pisaron el escenario.

Algo que solo se explica por esa complicidad que el grupo se ha ganado a pulso a lo largo de su carrera porque, en realidad, al principio la obra arranca con un tono un tanto frío y un humor facilón que no acaba de casar con su estilo.

Esto quizás se deba a que, al tratarse de una parodia que se ríe de la banalidad y la falta de calidad del cine y la televisión actuales y la ausencia de escrúpulos que rige la industria, acaban cayendo en aquello que pretenden denunciar elaborando un discurso repleto de recursos fáciles y evidentes.

No obstante, el ritmo escénico es fluido, su forma de entrar y salir sin más en las escenas rebosa magisterio y, al final, nos regalan un sketch que nos demuestra con creces el merecimiento de su éxito.

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