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La constancia convertida en un distrito en el que vivir de forma digna

Volver la vista atrás es recordar unos años en los que la vida en los barrios del Distrito Cerro-Amate rozaba la marginalidad. Los efectos de la nueva Sevilla han generado un movimiento social que ha transformado la realidad de sus vecinos

el 27 ene 2011 / 18:27 h.

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Los vecinos del barrio de Rochelambert, uno de los más poblados de todo el Distrito Cerro-Amate, han visto mejorado su bienestar por las obras de reurbanización en la zona

Las obras ejecutadas en una ciudad pueden llegar a cambiarla en su más profunda esencia. Pero no siempre estos trabajos se centran en las zonas más emblemáticas, más céntricas, en otras ocasiones son los barrios de la periferia los que experimentan una profunda transformación dentro del proceso de modernización de una ciudad. Sevilla, en su idea de llegar a ser una urbe moderna adaptada a las necesidades que planteaba la primera década del nuevo siglo, desarrolló un modelo de renovación que ha tenido en sus barrios más alejados del Casco Histórico la consolidación de un proyecto que ha terminado por cambiar la ciudad.

El Distrito Cerro Amate es buena prueba de ello. No sólo han cambiado sus calles, se han mejorado sus accesos y se ha ofertado un modelo de transportes sostenible que ha acabado con las barreras que lo separaban del Centro. Esta transformación ha ido mucho más allá, y su mejora ha ido ligada a una profunda renovación de su población, tradicionalmente marcada por los tópicos de la marginalidad y la exclusión social. La misma ciudadanía que, a base de esfuerzo, trabajo y convicción ha logrado hacer de sus barrios unos lugares donde vivir en paz, fomentar el encuentro entre los vecinos y adaptar sus servicios a la medida de sus necesidades.

Sólo basta con pasear por las calles del Distrito Cerro Amate para ser conscientes de la transformación que han experimentado sus barrios en esta última década. Mejoras urbanísticas que han permitido ofrecer un nuevo paisaje a sus vecinos y a toda la ciudadanía en general. Hay más espacios públicos, mejores acerados, más zonas de recreo infantil, se han mejorado servicios, accesos a las viviendas y así hasta una interminable lista de avances que se han proyecto en un aumento del bienestar de sus vecinos. En una sola palabra, este distrito tiene ahora más vida. Y eso se nota, además de en aquellas mejoras públicas al alcance de todos, en el día a día de sus vecinos, similar al del resto de sevillanos, superando así las barreras morales que habían fomentado la exclusión social y la marginalidad en la población de esta zona.

Pero más allá de estas mejoras urbanísticas, muy necesarias en el distrito, en esta primera década del nuevo siglo, los organismos públicos de la ciudad han luchado por acabar con la situación de exclusión social que acechaba a la población de Cerro-Amate. No bastaba con construir unos barrios más bonitos y actuales, era necesario que la población se sintiera parte activa en un distrito que requería, por ello, una transformación total de su estructura interna. Mejoras que, en definitiva, debían afectar a la parcela social, económica, educativa, sanitaria, cultural y laboral, ya que la falta de empleo entre los vecinos del distrito era una de las grandes taras que venía afectándoles desde finales de siglo.

Nacía así, con el fin de la primera década del siglo XXI, un nuevo distrito en Sevilla con la misma esencia de siempre, que le había catapultado a ser una de las zonas más populares de la ciudad, impregnado por el buen hacer de sus vecinos que lograron adaptarlo a sus necesidades. Una población que, al igual que el resto de sus barrios, se había transformado según la realidad que caracterizaba la ciudad. De este modo, el Distrito Cerro-Amate pasó a convertirse en el segmento de Sevilla con más población inmigrante empadronada, unos 6.000 ciudadanos, sólo por detrás del Distrito Macarena que sigue siendo el lugar preferido por las personas que llegan de fuera para instalar su residencia.

Su llegada al Distrito Cerro-Amate no sólo puede contemplarse por cualquiera de sus barrios, va más allá. En sus calles se ha dibujado un paisaje de nuevos comercios que tienen en la población inmigrante a sus principales protagonistas. Y es que además de impulsar el crecimiento demográfico en la zona, estos nuevos ciudadanos han permitido reactivar la situación económica del distrito gracias al fomento de negocios propios que han facilitado la unión de sus culturas con la de la población de estos barrios. A ello han contribuido la generalización de algunas organizaciones, con sede en el propio distrito, como ‘Sevilla acoge' o la ‘Fundación Cepaim' que asesoran a los inmigrantes en cuanto al alquiler -propio y compartido- y a la compra de viviendas, incluso en la solicitud de microcréditos con los que comenzar su vida en Sevilla.

Su presencia aporta dinamismo en la zona, pero también son uno de los sectores más sensibles de toda población, aunque no el único. Junto a ellos, los vecinos más mayores, reductos de los barrios que siempre fueron, siguen siendo uno de los sectores poblacionales a los que Cerro-Amate presta más atención en cuanto a la mejora y creación de nuevos servicios públicos que satisfagan sus necesidades. En enero de 2010 se inició la construcción del Centro de Día del Cerro del Águila, cubriendo así una de las demandas del distrito. La población mayor aumenta y con ella crecen sus necesidades de disfrutar de un espacio en el que conversar, pasar el día y sentirse útiles.

Con todo, los casi 90.000 habitantes del Distrito Cerro Amate han conseguido, más allá de su procedencia, edad y rango social, construir un nuevo modelo de vida, acorde con la Sevilla de la última década, en el que su esfuerzo se ha transformado en mejoras para sus ocho barrios. Atrás quedaron los años de exclusión social que convirtieron a esta zona en una de las más marginales, pues se abre una puerta al nuevo siglo en la que los vecinos de Amate, Juan XXIII, Los Pájaros, Rochelambert, Santa Aurelia, Palmete, El Cerro y la Plata tienen la llave para hacer de ellos un lugar digno en el que vivir.

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