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La construcción pasa factura

Los malos datos del paro en 2007 que recoge la Encuesta de Población Activa (EPA) servirán para dar munición electoral a la oposición política en un momento de reajuste económico pero no certifican un estado de alarma. Es cierto que la tasa de paro ha vuelto a colocarse en el 8,6% en todo el Estado y en el 13,99% en Andalucía (13,22% en Sevilla).

el 14 sep 2009 / 23:12 h.

Los malos datos del paro en 2007 que recoge la Encuesta de Población Activa (EPA) servirán para dar munición electoral a la oposición política en un momento de reajuste económico pero no certifican un estado de alarma. Es cierto que la tasa de paro ha vuelto a colocarse en el 8,6% en todo el Estado y en el 13,99% en Andalucía (13,22% en Sevilla).

También es un hecho que la tendencia se ha invertido por primera vez desde el año 2003 y que precisamente Andalucía lidera la subida del año pasado. Pero sería injusto no tener en cuenta que el mayor porcentaje de los nuevos parados procede del frenazo de la construcción precisamente en las comunidades donde este sector ha sido más dinámico durante los últimos años.

También es obligado tener en cuenta que el repunte del paro se produce casi en exclusiva durante el último trimestre de 2007 y no antes, precisamente en el momento que el ladrillo deriva hacia escenarios más racionales.

La creación de 475.000 empleos durante el mismo periodo en toda España refuerza esa teoría. Las cifras del paro son malas desde luego pero no surgen de un hipotético mal de fondo estructural de la economía española y andaluza, sino que tienen color coyuntural.

En Andalucía, además del frenazo en la construcción de viviendas se da una circunstancia especial y es la muy fuerte incorporación de activos, especialmente mujeres, al mercado de trabajo durante el año pasado, según avisan desde la Consejería de Empleo.

El último de los factores que avala ese cambio puntual de las cifras de desempleo y de la repercusión que en ellas tiene la construcción, certifica que el desempleo aumentó entre los extranjeros un 14,7%, casi el triple que entre los españoles (4,4%) por ser precisamente el cemento uno de los principales yacimientos de empleo para los que llegan de fuera.

Lo peor es que las cifras llegan en un momento especialmente inoportuno, justo a las puertas de una campaña electoral. Su instrumentalización política promete llegar a niveles de saturación.

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