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La contracrónica: Hombre rico, hombre pobre; nadie gana

Ni Joaquín Caparrós ni Unai Emery salieron airosos de un duelo bastante apático.

el 25 ago 2013 / 23:45 h.

Suele suceder que cuando se (pretende) espera(r) mucho de un encuentro, luego la realidad depara muy poco. Como también suele suceder que cuando se juega contra equipos que hacen del bloque su mejor virtud (y el Levante es, o ha sido en los últimos tiempos, el paradigma en esta Liga BBVA), al final se complica en exceso la afloración de jugadas para la galería y por ende los goles. Y tres cuartos de lo mismo se puede aplicar a cualquier partido en el que tengas por rival a un conjunto entrenado por el utrerano Joaquín Caparrós. De tal manera que a nadie puede sorprender el resultado del duelo entre valencianos y sevillanos: combate nulo. Como nulo resultó el pseudocombate dialéctico entre Caparrós y Unai Emery la víspera, a cuento del dinero con el que uno y otro habrían podido configurar su plantel para el presente ejercicio y con el traspaso de última hora de Vicente Iborra como telón de fondo. El caso es que ni el vasco, con su supuesta riqueza, ni el andaluz con su presunta pobreza, fueron capaces de ofrecer gran cosa en el Ciudad de Valencia y por supuesto no se hicieron merecedores de hacerse con un botín jugoso: un punto para cada uno que se antoja, si cabe, premio excesivo para unos y otros contendientes. Y es que tanto insistir desde el club de Nervión en que este año hay que partir de cero, que el resultado no puede ser otra cosa más que ese cero. Anoche, 0-0, sinónimo toda la vida de partido pestiño e infumable. Y otro cero (aunque valga un punto, queda dicho) que se añade en el casillero del Sevilla de Emery como visitante. Cero victorias desde que arribó el vasco al Pizjuán y cero victorias como forastero en los últimos 17 encuentros, casi un añito... Otro que se sumó al efecto cero fue Vicente Iborra, protagonista máximo del duelo y que recordará este partido por que llegó a los 100 en Primera pero sobre todo por que tuvo que devolverle el sitio a Kondogbia para no acabar expulsado, algo que le perdonó un árbitro cuya actuación fue... de cero.

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