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La contracrónica: La aleatoriedad de los accidentes fortuitos

El Sevilla ha cedido un empate en el Pizjuán ante un rival menor. Las alarmas continúan apagadas, aunque los críticos, aquellos que no conceden tregua, ya exigen una reacción. 

el 05 dic 2009 / 21:33 h.

El Sevilla cedió un nuevo empate en el Pizjuán

Urziceni es una pequeña localidad en las entrañas de la Rumanía más auténtica, aquella en la que el comunismo enterró sus memorias y leyendas en el parlamento y en las tumbas tras la transición originada por la abdicación y posterior ejecución del afamado Nicolae Ceausesçu, líder del extinguido Partido Comunista Rumano y profeso amante del régimen stalinista.

Y allí fue donde el Sevilla perpetró un encuentro sorpresivamente nefasto y sucumbió ante la sobriedad y el espartano orden del modesto Unirea. Y fue allí donde los adeptos al fútbol de Jiménez, -exento de críticas por méritos propios en la presente Liga- justificaron la derrota por una razón sencillamente ridícula.

El Sevilla había escogido la fecha y el lugar idóneos para perder ante un rival infinitamente inferior y para restar 800.000 euros a las arcas de la entidad. Excusatio non petita, accusatio manifesta, que dirían los latinos de la antigua Hispalis.

Excusa no pedida, manifiesta acusación, que diría un castellano-parlante de la Sevilla del XXI. Y en esa vorágine de intereses y desconfianzas nació un nuevo, -otro y la nómina de crisis ya se agota-, capítulo de acusaciones y excusas.

El conjunto de Manolo Jiménez, y por extensión el arahalense, ha firmado dos encuentros de Liga a un ritmo de equipo menor, y la cuota de crédito, aquella que avaló su candidatura al título, expira semana a semana. Aquel accidente en Rumanía no fue aleatorio, sino fruto de una conspiración de apáticos que ayer, ante un Valladolid ordenado, repitieron el ritual.

Y el principal manantial de críticas nace en la propia entidad, donde los vocablos perder y empatar se han prohibido por manifiesto imperativo. Los árboles ocultan el bosque, allí donde el Sevilla acaricia en sus fantasías la Liga.

Sin potencial para competir ante los ciclópeos, el término fracaso es una paradoja del destino, aquel que ha permitido que el once de Jiménez azote su aliento sobre el cogote de los aspirantes.

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