Deportes

La contracrónica: 'Reynados' por un noble palaciego

El palaciego Jesús Navas regresó para liderar a un Sevilla oscuro y que había ofrecido un rostro desapacible en sus anteriores compromisos en el Sánchez Pizjuán, allí donde se personó un Camacho silente y con el lamento y la desesperanza clavados en su discurso.

el 02 ene 2011 / 22:44 h.

Navas saluda junto a Kanouté.

Los Palacios es un municipio de casas encaladas y rituales a pie de calle. En sus adoquines reposan los versos de Joaquín Romero Murube, sublime emblema del Ultraísmo, los ‘quejíos’ de Manuel Orta, cantaor de raíces y creencias, y las andanzas de Jesús Navas, aquel zagal que correteaba por la Plaza de los Enamorados y suplicaba a Jesús de la Vera Cruz camino de la Capilla de San Sebastián.

Aquel enjuto interior diestro de endiablado regate ha crecido al abrigo de los títulos y su sombra se ha perpetuado en la memoria colectiva del sevillismo, entregado a su calidad como aquellos obreros de Landaben en la Pamplona de la primera industrialización.

De sus botas emana el virtuosismo y de su cerebro el peligro, como del Río Arga la brisa de la transición en la Navarra más alternativa cuando la tropa de la libertad nacía preñada de fe. Navas asumió el testigo el día en el que José Antonio Camacho regresó al Sánchez Pizjuán apagado.

El de Cieza se posó en el césped agazapado bajo la sombra de su fracaso en el coliseo de Nervión, allí donde prometió el paraíso en un estío de fichajes de cartón-piedra y resultados de videoconsola. Y fue ayer cuando el murciano lamentó su destino y las telarañas de sus bolsillos, los bolsillos de un Osasuna con fama de duro y que se escapó al son de una noche de cuchillos largos.

Y se marchó amortajado y ataviado de riguroso luto por culpa de un noble palaciego capaz de ‘reynar’ en la más absoluta de las miserias. Como miseria era el bocadillo de pan duro que devoraban los campesinos en la ciudad natal de Navas cuando Volkswagen creaba 6.000 empleos en la Pamplona más vanguardista.

Como miseria fueron los fichajes que se concretaron bajo las melodías de aquella copla de Raza Mora o el pasodoble de Los Piratas un mágico 4 de diciembre y como miseria era el menú de un Sevilla que ayer invitó a un comensal de lujo para reinventar su destino y su futuro.

  • 1