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La Copa fastidia el centenario de Mel

El Betis pierde en Valladolid (1-0) a pesar de jugar casi media hora con un futbolista más.

el 01 nov 2012 / 16:54 h.

Los jugadores del Valladolid celebran su gol.
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Pepe Mel cumplió ayer 100 partidos oficiales como entrenador del Betis, pero no pudo celebrarlo. En vez de tarta, al técnico le hizo su equipo el peor regalo posible, una derrota ante el Valladolid que complica sobremanera su futuro en la Copa del Rey. El conjunto blanquivioleta no es una máquina de jugar al fútbol, desde luego, pero con muchos suplentes en su alineación se aferró a la competición con un buen gol de Bueno, valga la redundancia, en el que pudieron hacer bastante más algunos jugadores heliopolitanos, empezando por quienes no taparon el único hueco por donde podía centrar el joven Lolo, pegado como estaba a la línea de fondo; siguiendo por Casto, que no atinó a hacer nada para atajar ese pase; y acabando por Nacho, al que el goleador le ganó el sitio por listo. Dicho todo lo cual, el tanto del Valladolid fue lo que se dice un golazo, con mucha habilidad por parte del asistente y un espectacular remate en escorzo del ariete. Pero la belleza de la diana no quita para recalcar los deméritos del Betis, que fueron muchos en la fría, para variar, tarde del Zorrilla. Sirva de apunte que la ambición, ese concepto tan reiterado por Mel en la víspera, se quedó en la más absoluta teoría. Y a partir de ahí...

El resultado, como queda dicho, no es imposible de remontar, pero el Betis tendrá que ser otro si quiere continuar en la competición que le ha reportado dos de los tres grandes títulos de su historia. En realidad, tendría suficiente con parecerse al de las últimas jornadas de Liga, sólido en defensa y eficaz en ataque. En el estadio de la pulmonía se quedó agarrotado y no ofreció ninguna de esas virtudes. Dominó la pelota más que su contrincante, seguramente por primera vez en lo que va de campaña, pero ese control acabó haciéndole más mal que bien. Si la profundidad es cero y la circulación es en realidad un atasco, mal asunto. Y de eso pecó el Betis, al que el Valladolid regaló la pelota con tal descaro que diríase que no le tenía ningún aprecio al esférico objeto.

Para hacerse una idea del poco afán ofensivo del conjunto anfitrión, valga el dato de que sólo se aproximó tres veces a Casto con cierto peligro. La primera, a los 19 minutos, consistió en un balón aéreo que Bueno cabeceó para que Manucho, más veloz que los defensas, rematase por encima de Casto, aunque fuera. La segunda derivó en el único gol del envite: internada de Lolo por la izquierda, pase desde el vértice donde se unen el área chica y la línea de fondo, Casto que casi no salta y Bueno que se lanza cual escorpión a por el balón ante la incredulidad y pasividad de Nacho. Y la tercera, intrascendente ya pero oportunidad al fin y al cabo, sucedió casi cuarenta minutos más tarde, en un chut de Rubén Peña desde el semicírculo que, ahora sí, despejó el guardameta bético.

Al margen de estas tres presencias en el área del Betis, el Valladolid no aportó nada más en ataque. Se refugió en su mitad del rectángulo y cerró cualquier posible hueco hacia su meta, Jaime, el mismo que regaló el triunfo liguero a los verdiblancos con aquel increíble fallo a los pies de Rubén Castro. En esta ocasión disfrutó de una tarde mucho más calmada porque el Betis, sencillamente, sólo lanzó tres veces entre sus tres palos: dos se correspondieron con remates lejanos de Salva Sevilla en el primer cuarto de hora y el tercero, el más próximo al gol, fue un trallazo de Jonathan Pereira que se topó violentamente con el larguero.

Ese trío de oportunidades más un cabezazo en propia meta de Jesús Rueda que caminó cerca de la escuadra se centraron en la primera media hora. A partir de ahí, el Betis ya no volvió a chutar a portería. Mel modificó el 4-2-3-1 para convertirlo en 4-4-2, pero la metamorfosis sólo enmarañó más el juego por el centro y alejó a los delanteros de sus asistentes. Beñat, que entró de modo prematuro por la lesión de Cañas, no arregló el desaguisado porque el Valladolid lo ahogó y Nosa, al que los locales cedieron el peso de la medular, no está para semejantes trotes. Ni siquiera cuando el árbitro expulsó a Sereno, que no hizo honor a su apellido y se volvió loco ante Perquis, consiguió el Betis hilvanar alguna jugada con sentido. Todos sus remates en esa media hora, cuatro o cinco, se marcharon fuera. Lo bueno para el Betis es que aún dispone de la vuelta para redimir todos sus pecados y sobrevivir en la Copa. Será a finales de mes, así que tiene tiempo para reencontrarse. Si no...

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