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La crisis de IU no debe afectar a los sevillanos

La dimisión por sorpresa protagonizada ayer por el delegado de Economía y Empleo del Ayuntamiento, Jon Ander Sánchez, ha abierto una crisis de consecuencias impredecibles en el seno de Izquierda Unida, socio de gobierno del PSOE en el consistorio.

el 16 sep 2009 / 08:25 h.

La dimisión por sorpresa protagonizada ayer por el delegado de Economía y Empleo del Ayuntamiento, Jon Ander Sánchez, ha abierto una crisis de consecuencias impredecibles en el seno de Izquierda Unida, socio de gobierno del PSOE en el consistorio. Sánchez, que hasta ayer se había identificado como delfín político del portavoz, Antonio Rodrigo Torrijos y posible sucesor en la candidatura a la alcaldía, dio un portazo con durísimos ataques al que otrora fuera su mentor, calificando a Torrijos como "el peor cáncer que en este momento tiene Izquierda Unida". En el trasfondo de esta dimisión irrevocable se hallan las diferencias entre ambos después de que Torrijos cesara en su cargo este verano a varios directivos municipales vinculados a Sánchez. Izquierda Unida debe cerrar cuanto antes la enorme brecha abierta por uno de sus destacados dirigentes, cuyas durísimas afirmaciones no benefician en absoluto a la formación política. Ha reaccionado bien el alcalde de la ciudad, Alfredo Sánchez Monteseirín, al exigir a su socio de gobierno que en 24 horas proponga un sustituto para ocupar la delegación de Economía y Empleo, que no debe permanecer vacante, menos aún en el contexto de la actual crisis económica con altísimas tasas de desempleo. Izquierda Unida tiene que arreglar sus diferencias internas cuanto antes si no quiere ahondar en el deterioro de su imagen como proyecto político que ya señalan algunas encuestas. Y sus militantes y cargos públicos están obligados a actuar con diligencia y sentido común para que estas disputas orgánicas, que tienen reflejo en cambios de cargos institucionales no afecten lo más mínimo a los servicios que se prestan a los ciudadanos por parte el Ayuntamiento. Una gran capital como Sevilla no puede permitirse que las tensiones internas de los partidos políticos se traduzcan en una merma de los servicios públicos y de la gestión de las áreas municipales.

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