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La crisis de la gripe

Cuando aún no hemos tocado fondo en la crisis financiera en la que estamos inmersos, el mundo se conmociona con otra nueva crisis. En este caso una crisis sanitaria, la que ha provocado el virus de la peste porcina, aunque parece que los cerdos tienen poco que ver; crisis que ha partido de México y EEUU y se está extendiendo por todo el mundo.

el 16 sep 2009 / 02:09 h.

Cuando aún no hemos tocado fondo en la crisis financiera en la que estamos inmersos, el mundo se conmociona con otra nueva crisis. En este caso una crisis sanitaria, la que ha provocado el virus de la peste porcina, aunque parece que los cerdos tienen poco que ver; crisis que ha partido de México y EEUU y se está extendiendo por todo el mundo. Esta nueva crisis ha puesto en alerta a organismos nacionales e internacionales a fin de poner freno a la propagación del virus: La OMS ha reaccionado con presteza, los distintos Gobiernos se han puesto las pilas, la UE ha reunido a los responsables políticos de la sanidad para coordinar políticas y adoptar medidas. Se puede decir que la alarma ha sonado y la reacción ha sido inmediata. Pero esta gripe con nuevo rostro no pillará a todos por igual. De nuevo saldrán a relucir las diferencias entre países y personas, para cebarse más en aquellos Estados cuyo sistema sanitario público sea más débil y en los colectivos más vulnerables, aquellos que poco o nada tienen y pueden perder el único bien que les queda, la vida. Para éstos, su sentencia llegó hace tiempo; la enfermedad sólo la ejecutará. Puede ser la crisis de los pobres y los desvalidos. Los medios de comunicación se han aprestado a darnos el parte diario de contagio por la enfermedad, a identificar los focos de infección, a señalar a las víctimas. También, a servir de portavoz a los dirigentes sanitarios en un despliegue informativo que resulta gratificante, pero que contrasta con la nula información acerca de esas otras enfermedades que son también una pandemia, aunque nos hayamos acostumbrado a ellas; me refiero a las enfermedades evitables -incluida la gripe normal- que arrasan todos los años con millones de personas, la mayoría mujeres y niños, a la desnutrición que sufre gran parte de la población mundial, y que son el caldo de cultivo, si nadie lo remedia, para que florezca esta gripe que ya se ha hecho famosa.

Todo lo anterior contrasta con la crisis financiera que ha campado por sus respetos sin que ningún organismo internacional o gobierno de turno diera la voz de alarma, intentara frenar su crecimiento, o se sintiera con autoridad para poner topes a su propagación. Cuando se ha manifestado en todo su esplendor, sólo se toman medidas paliativas, de placebo, sin asustar al bicho que la provoca, no vaya a ser que se espante y nos lleve a todos con él. Se dice que en cuatro meses podremos tener la vacuna contra la gripe; sin embargo nadie se atreve a diseñar la que nos inmunice de los directivos financieros que nos han llevado casi a la ruina. Se cerrarán fronteras, se suspenderán actos colectivos, como ha ocurrido ya en México, para que no nos llegue el virus de la gripe. Sin embargo, el dinero sigue circulando sin límites ni control, y los responsables financieros que han provocado la catástrofe siguen actuando con total impunidad. Claro está que en la sociedad que hemos diseñado es más fácil limitar la circulación de personas que la del capital.

Y si a ello añadimos que el origen de la enfermedad se ha situado en México, y no en EEUU como parece, resulta más fácil aislar el foco, sin reparar en la catástrofe económica que ello supone para un país con 40 millones de pobres, que serán los que en última instancia sufrirán sus consecuencias.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide

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