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La crisis, enemiga común

Tuvo Quevedo auténticas genialidades, pero también metió la gamba en agujeritos como los de los antiguos reales, aquellas monedas que en la posguerra tenían menos porvenir que veinte euros en una discoteca gestionada con violencia, demasiadas según se aprecia en las últimas fechas.

el 15 sep 2009 / 18:36 h.

Tuvo Quevedo auténticas genialidades, pero también metió la gamba en agujeritos como los de los antiguos reales, aquellas monedas que en la posguerra tenían menos porvenir que veinte euros en una discoteca gestionada con violencia, demasiadas según se aprecia en las últimas fechas. Quizás fuera la razón por la que en aquella época el poeta figuraba como protagonista de la mayoría de chistes y chascarrillos, tantos que parecía un personaje contemporáneo, y algunos, poco leídos, llegaban a identificarlo con Franco. El presidiario en la Sierra de Segura se quedó más tarde en el escenario que le corresponde, el propio de la literatura, y puede recordársele por sus magníficas sátiras o por tronados desaciertos como el de recomendar que en tiempos de crisis no se realice mudanza alguna. La evidencia reclama justo lo contrario, que la máquina de la imaginación y las neuronas de la creatividad aceleren la búsqueda de medios y medidas para salir de este atolladero general del que no puede ni debe culparse a los empresarios andaluces, salvo que se padezca de imbecilidad y se acuse desde la acomodada y segura posición de funcionario en excedencia. En esta situación sobran los tiras y aflojas, lo mejor y necesario es todos a una conforme a la anécdota que sobre el orgullo de Madariaga cuenta Sánchez Albornoz. Recuerda el historiador que unos caballeros de Ávila se encontraban platicando con un alto magnate y vieron en peligro de ser muerto por los moros a otros caballeros de su tierra. Eran sus enemigos en la vida urbana de la pequeña patria común, pero montaron en sus cabalgaduras y corrieron raudos a defender y salvar a sus hostiles coterráneos. Al retornar con el magnate, éste les preguntó por qué les habían ayudado y ellos le replicaron que los caballeros salvados eran sus enemigos, pero juntos lo son de los moros. Por suerte, esas enemistades ya no existen, pero la común de la crisis convoca a serenar los ánimos y abandonar rencillas y antiguallas que sólo sirven para generar desconfianza interna y fomentar debilidades frente a la imparable competencia externa. En el lenguaje moderno suele llamársele responsabilidad, y quienes la demostraron no pueden perderla cuando es más necesaria.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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