Economía

«La crisis nos beneficia. El cliente prefiere reparar el coche a comprar»

El dueño de Diésel Gallardo, Alfredo Gallardo Bujalance, presume de tener un laboratorio de inyección de referencia con lo último en maquinaria para prestar servicio a sus clientes. La crisis no sólo no le afecta, sino que le ha hecho ganar exponencialmente en estos últimos años.

el 24 jul 2010 / 19:33 h.

Alfredo Gallardo en las instalaciones de la empresa que regenta en el polígono Carretera Amarilla de Sevilla.

-Casi 80 años de andadura en el mundo del motor dan para mucho...

-Mi abuelo comenzó la empresa fabricando material para los equipos diésel, que no había en esa época. Mi padre continuó con esa actividad. Posteriormente salieron las bombas rotatorias y empezó a trabajar otros materiales y pasamos también a la reparación, además de a la fabricación. Además, comenzamos a tocar la mecánica (ya en Hytasa) porque nos lo pedían los propios clientes y poco a poco ampliamos el negocio. Hoy día se trabaja todo menos la chapa y la pintura, tanto en diésel como en gasolina.

-¿La crisis le ha pasado alguna factura o las reparaciones están precisamente en boga frente a la compra?

-La crisis nos ha beneficiado porque antes, cuando había que acometer una reparación muy grande, muchos clientes optaban por comprarse un coche nuevo, pero desde el año pasado se nota otra tendencia. De hecho, el año pasado fue el punto de crecimiento más alto, del 70% y, aunque este año está siendo más raro, se mantiene el mismo nivel de crecimiento.

-¿Ha ayudado a crear empleo esta situación?

-Sí que se ha creado. Ahora somos 34 frente a los cinco que éramos primitivamente. En la actualidad, que el negocio está dividido en mecánica e inyección (el corazón del motor), hay inversiones muy fuertes en maquinaria para el laboratorio de esto último. Lo que sí ha evolucionado mucho en los últimos tiempos es un programa de intercambio de equipos de inyección que consiste en que el cliente entrega el suyo y le damos otro fabricado por nosotros, con las garantías que supone. En este tema trabajamos a nivel nacional. En concreto, son equipos usados que transformamos en útiles.

-¿Qué planes de expansión baraja en estos momentos?

-Hace tres años abrimos en el polígono PISA una instalación para dar servicio a nuestra clientela del Aljarafe. Tiene un total de 800 metros cuadrados. En principio con estas instalaciones y las centrales de la Carretera Amarilla vamos bien. Además, vamos a seguir trabajando en el programa de intercambio de equipos de inyección y vamos a seguir haciendo fuertes inversiones en maquinaria.

-Volviendo a la crisis y, aunque asegura que al negocio le beneficia, ¿no ha sufrido daños colaterales?

-En el tema de impagados no tenemos problemas, porque trabajamos con marcas muy importantes y entre los clientes tampoco. El año pasado no llegó ni al 0,5%, porque la gente paga al contado. En la financiación es cierto que no hay tantas facilidades.

-¿La competencia en este sector es dura en Sevilla?

-Hay unas cinco empresas en Sevilla que cuentan con laboratorios de inyección de menor tamaño y luego lo que hay son talleres más pequeños. Somos uno de los mejores que existen en España, ya que tenemos ocho bancos de pruebas en la Carretera Amarilla a los que se suman los tres que hay en el PISA. No hay ninguna empresa en el país que cuente con unas instalaciones dedicadas a este fin tan completas. Somos los primeros sin duda en este campo.

-¿Y el perfil del cliente ha evolucionado en los últimos años?

-Sí que ha cambiado. Ahora viene la gente más informada, antes no se preocupaban por saber qué le sucedía al coche. Las revisiones han bajado mucho, y eso supone que después lleguen los problemas. Hay quien se decide a echarle aceite de mala calidad por su cuenta y pasa como en las comidas. Además, viene gente de muchos y alejados lugares de la provincia y de fuera. Por eso, hay que estar siempre a punto y muy preparado.

-¿Proyectos?

-Queremos trabajar aún más en el intercambio de equipos de inyección. La idea es poner en marcha una cadena semiindustrial de montaje para la reparación de esos equipos. Así, tendríamos el laboratorio para cualquier tipo de inyección a la que se le sumaría la cadena de equipos en serie.

-¿Qué supone para un empresario que la firma en la que trabaja tenga tantos años de historia y además sea familiar?

-Esta empresa la abrió mi abuelo en 1931. Lo más interesante de que la empresa sea familiar es que se vive de otra manera. No se considera trabajadores al resto, sino compañeros y, como más disfruto, es con el mono de mecánico. Me gusta mucho mi negocio, lo trato como un hobby y, de hecho, muchas veces los propios clientes no saben que soy el dueño de la empresa. Aquí se ha jubilado hace poco una persona con 47 años de servicio, que estuvo presente en mi bautizo, así que esto no es una empresa en lo que a la plantilla se refiere, sino una familia en toda regla.

-¿Cambia mucho la filosofía?

-Es muy distinta. Hay que ser muy estricto. Si la empresa gana, gana todo el mundo, y los salarios se suben, aunque siempre han sido buenos. Ahora lo que sucede es que se obtienen márgenes de beneficios más bajos y hay que estar mucho más encima del euro. En general, se puede decir que hay más trabajo pero menos beneficio.

PERFIL. Tercera generación

Alfredo Gallardo siempre ha estado vinculado a la empresa que fundara su abuelo en 1931. Es la tercera generación y sus hijos aseguran ya una cuarta. A los 18 años empezó a colaborar en el negocio e hizo dos años de perito industrial y después se fue a la mili con 23 años. Y fue, fundamentalmente, el revulsivo para que su firma se convirtiera en líder del sector. Primero la empresa estaba en unas instalaciones de 150 metros cuadrados, aunque luego se introdujo maquinaria nueva y se instaló en Hytasa, para posteriormente unir otra nave allí que se quedó pequeña a los ocho años. En 2002 Alfredo Gallardo trasladó la empresa a la Carretera Amarilla, donde inauguró 3.300 metros cuadrados. Además, creó otra sucursal en el polígono PISA, situado en el Aljarafe sevillano.

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