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El parvulito de la Plaza Nueva

Gritos, pataleos y aspavientos. Es lo que se vive en el parvulito de Plaza Nueva, con 33 alumnos que convierten el Pleno en un gallinero incontrolable.

el 06 feb 2014 / 11:20 h.

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Gritos, pataleos y aspavientos. Es lo que se vive en el parvulito de Plaza Nueva, con 33 alumnos que convierten el Pleno, centro del debate de Sevilla, en un gallinero incontrolable incluso para un tipo tan rudo e implacable en los tiempos y en el turno de palabra como su presidente, Javier Landa. Su papel fue de aúpa. Acorralado entre tanta interrupción y malas formas, parecía interpretar a John Kimble, el detective que plasmó Arnold Schwarzenegger en Poli de Guardería. La vena encendida del que sería después gobernador en California no se le terminó de ver al bueno de Landa, pero la cara de mala uva sí. «Esto no puede seguir así, ¿van a dejar hablar al alcalde?», reclamó elevando el tono entre el mar de reproches y braceos de socialistas y populares. Hasta amenazó con suspender el Pleno para que «se dieran una vuelta» los ediles y volvieran más relajados. Pero era un imposible. Y, ¿cómo se llegó a tal extremo? La mecha se encendió cuando el alcalde hizo uso del Interventor, tras la votación de los presupuestos, para avalar que había pedido un informe de estabilidad. Ahí se le empezó a torcer el gesto a más de uno. Mosqueo en el PSOE –que pedía respuesta del alcalde, no de un gestor– e incomprensión en IU. «Si se iba a explicar, ¿por qué no lo ha hecho antes de votar?», preguntó José Manuel García. Pero el estallido fue con el desalojo interruptus de los alumnos de la escuela taller. Piaron y, como en toda protesta, Landa les sacó tarjeta roja. La Policía Local les estaba indicando la puerta de salida cuando el alcalde dijo que no, que se quedaran que tenía algo que decirles. Tocó dar marcha atrás. El alcalde empezó a hablar de todo menos de las tres escuelas taller. Más bien, sacó su repertorio de ataques a la Junta. Y, como ya venía la cosa calentita, empezaron las voces, primero por lo bajini y luego sin reservas. Así, llegó un momento que Zoido hablaba con el sonido estéreo de Juan Bueno, que se colaba en su micrófono. «La Junta, la culpa de la Junta, la culpa de...», recitaba, sin obviar los aspavientos de los acalorados Pérez (Curro, el portavoz local, y Beltrán, el delegado de Participación). Al otro lado tampoco se quedaban cortos. La soprano y el tenor protagonistas fueron Encarnación Martínez, de pie, y Alberto Moriña, sentado. Aunque en honor a la verdad, todos tuvieron su oportunidad en este concierto, que no fue del agrado del público. No en vano, una de las alumnas de la escuela taller, cansada de esperar, desistió y se fue murmurando, con lógica, eso de «estoy harta». No estaba para cacareos, sino para respuestas, que llegaron casi al final del discurso del alcalde y bajo la insistencia de Espadas, que interrumpió para reclamarle solución a los afectados. A Zoido no se escapó nada. Ni siquiera la oportunidad de atizar a su rival. Aprovechó una intervención de Espadas, en la que aseguró sentirse «cansado» de relatar la lista de peticiones de inversión que caen en saco roto, para darle la vuelta y llevarlo a su terreno. «Yo no me canso, a diferencia de otros», replicó.

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