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La cruz en el hombro

Un hombre decide en un momento de su vida hacer cosas por los demás, se mete en ello ilusionadamente pero un buen día se encuentra fulminado por la acusación.

el 14 sep 2009 / 23:12 h.

Un hombre decide en un momento de su vida hacer cosas por los demás, se mete en ello ilusionadamente pero un buen día se encuentra fulminado por la acusación. Antes el rayo lo lanzaba el pregonero, hoy la tele, la radio y los periódicos, pero es igual. Su campo eléctrico se extiende por toda la sociedad. Gentes que han ido a lo suyo y no han movido un dedo por el bien común se harán eco con rapidez de "lo que se dice", "lo que se cuenta" o "lo que se sabe de buena tinta" y ese hombre comenzará a recorrer el camino de su particular calvario. Durante el tiempo que tarde en hacer el camino verá muchas caras de circunstancias, soportará desaires o desdenes y sentirá, clavándose, los clavos de la crucifixión moral y el abandono.

Después de una larga espera llegará -si es que llega- la sentencia o el dictamen que lo exculpan, pero sólo tendrá lugar una resurrección relativa, sin ascensión. Cuando haya pasado el tiempo y parezca que todo se ha olvidado, al preguntar alguien sobre él, otro -probablemente de esos que nunca se ofrecieron para nada- responderá: ¿quién?, ¿aquel de las facturas? La identificación del sevillano con la figura de Jesús con la cruz al hombro, la conversión de aquel hecho en otro, personal e intransferible, no es casual; aquí siempre hubo mucha gente con una cruz a cuestas, la misma cruz de la misma injusticia cometida y soportada de siglo en siglo.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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