Economía

La cuenta atrás de Astilleros

La plantilla sigue con el encierro tras 18 días y espera el anuncio del ERE extintivo.

el 03 oct 2011 / 20:28 h.

Trabajadores de Astilleros de Sevilla se lamentan por el anuncio del cierre, el pasado 16 de septiembre.

En la noche del día 15 del pasado mes, la plantilla de Astilleros de Sevilla recibía la noticia que no quería oír: la Junta se retiraba de una cruzada que perseguía devolver la actividad a la factoría después de que, tras casi dos años al frente, haya sido incapaz de encontrar inversores para su proyecto. Y eso que entonces aún había tres encargos en cartera a medio construir en sus gradas -los armadores ya han renunciado a ellos-. A partir de entonces, todo quedaba en manos de los administradores concursales, después de que suspendiera pagos de manera voluntaria en octubre de 2010.

Desde el día en que conocieron su nueva situación, los trabajadores de la planta viven una agonía larga y tensa que los mantiene allí, encerrados desde que supieron de su liquidación, como si no quisieran abandonar uno de los grandes símbolos de la industria sevillana, que para ellos ha funcionado como una segunda casa, a pesar de los sinsabores de los últimos años.

Hace unos días los 26 empleados procedentes de la antigua Izar recibieron sus cartas de despido. Ellos se van con las garantías laborales que concedió la SEPI en su día a los sindicatos para que aceptaran la privatización, entre las que se encuentra la prejubilación. Ahora, otros 60 trabajadores de Astilleros de Sevilla y 14 de la industria auxiliar están a la espera de que se presente ante la autoridad laboral el Expediente de Regulación de Empleo con carácter extintivo que será el paso previo para echar el cierre a la histórica factoría.

El desánimo es la nota dominante entre la plantilla, aunque no está dispuesta a irse de las instalaciones sin luchar. Además del encierro -ya van 18 días- seguirán con las movilizaciones. Algunas de ellas, vividas la semana pasada, recuerdan las históricas batallas campales de los operarios de Astilleros con la Policía en la carretera de la esclusa.

En estos momentos, la capacidad de hacer ruido es menor que en otros momentos, como en las protestas vividas en el verano de 1995, cuando el Gobierno de Felipe González anunció una reconversión de la industria naval que conllevaba el cierre de las instalaciones hispalenses. Entonces eran 1.200. En esta última crisis, apenas 100. Su conversión a entidad privada tampoco ha ayudado. La presión no es la misma.

En las últimas semanas, pocas declaraciones de los representantes políticos que hagan prever otro fin a esta historia de 58 años que no sea su desaparición -ocho siglos si nos remontamos a las Reales Atarazanas que mandó construir Alfonso X-. La Junta viene diciendo desde que anunciara su retirada que apoyará a cualquier inversor que se acerque, algo poco probable después de dos años de búsqueda. El PP, desde el Ayuntamiento hispalense, instaba a la Administración andaluza a reflotar a la industria naval sevillana. En definitiva, encontronazos que no sirvieron de nada a los trabajadores ante su oscuro futuro.

Mucho antes de conocer el cierre, la plantilla se ha ufanado en explicar por activa y por pasiva que, al contrario que había sucedido en otras crisis que pasó la factoría, esta vez la carga de trabajo existía. El problema, el económico, en un momento donde la liquidez brilla por su ausencia. Y es que, tal y como reconoce el comité de empresa, el astillero necesita al menos de 170 millones de euros para reactivarse.

Los trabajadores saben que la empresa no tiene dinero para pagarle el salario de octubre, y que el ERE que pondrá fin al suplicio del que no quieren ni oír hablar está a la vuelta de la esquina.

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