Cultura

La cultura puede esperar

Hasta una docena de proyectos culturales comprometidos por la adminstración para final de año encaran el mes de diciembre sin ser ejecutados. Ni el Ayuntamiento, ni la Junta ni el Ministerio podrán esgrimir que estamos en crisis para explicar estos retrasos.

el 15 sep 2009 / 19:13 h.

Hasta una docena de proyectos culturales comprometidos por la adminstración para final de año encaran el mes de diciembre sin ser ejecutados. Ni el Ayuntamiento, ni la Junta ni el Ministerio podrán esgrimir que estamos en crisis para explicar estos retrasos. La mayoría viene arrastrándose desde hace más de cuatro años, y es que, cuando de Cultura se trata, nadie, incluida la oposición, tiene reparos a la hora de no hacer sus deberes.

La rehabilitación y reapertura de la Casa Murillo, la búsqueda de un uso definitivo para las Reales Atarazanas, la ampliación del Museo de Bellas Artes, la recuperación integral del Arqueológico, la celebración del Festival Sevilla Entre Culturas, la cesión definitiva de cuadros del Consistorio al Centro Velázquez, la exposición conmemorativa de los 50 años del Carambolo, la muestra que iba a cerrar el Año Don Juan, la nueva sede para el Archivo Histórico Provincial y el Archivo General de Andalucía, la apertura de la Casa de los Poetas o la transferencia de la titularidad de los museos andaluces. Éstos son sólo algunos de los proyectos culturales que, a finales de este 2008 debían estar ya resueltos o, al menos, presupuestados para quedar zanjados en 2009. A pesar de que las tres administraciones implicadas son del mismo color político (PSOE), estas promesas permanecen bloqueadas sin que ni el Ayuntamiento, ni la Junta ni el Ministerio quieran responsabilizar a los otros gobiernos amigos de estas demoras.

Éste es el caso del Bellas Artes y del Arqueológico. El Ministerio debería haber presupuestado las obras de ampliación y reforma, respectivamente, de ambos museos. No sólo no lo ha hecho, sino que ahora es la Junta la que, sin poder criticar al Ejecutivo central, se ve obligada a asumir una serie de obras imprescindibles para que estos centros permanezcan abiertos. Mientras, el Ayuntamiento mira a la Consejería de Cultura para grandes proyectos que tiene paralizados a la espera de una respuesta del departamento de Rosa Torres, como es el caso de la restauración y puesta en uso de la antigua Fábrica de Artillería. A este histórico edificio iban a trasladarse el Archivo Histórico Provincial (propiedad del Ministerio) y el General de Andalucía (de titularidad autonómica). Aunque el Consistorio ha logrado el visto bueno del Ministerio a este proyecto, la consejera del ramo, Rosa Torres, se ha apresurado a dejar claro que su implicación en esta empresa dependerá de los costes.

Pero esta cadena de desacuerdos y dilataciones, más propia de administraciones de distinto signo, no acaba en el Consistorio, ya que éste también lleva meses haciendo esperar a la Fundación Focus Abengoa, a quien debía firmarle antes de que acabara 2008 la cesión definitiva de los lienzos de titularidad municipal que iban a acompañar a la Santa Rufina en el flamante Centro Velázquez.

Sin embargo, si hay un caso que ejemplifica más claramente los constantes retrasos en materia de Cultura es el de las Reales Atarazanas. Desde que Rosa Torres y su equipo llegó a la Consejería de Cultura en 2004, vienen anunciando fechas, concursos de ideas, comisiones ciudadanas, acuerdos con fundaciones privadas y convenios con el Ayuntamiento para dilatar lo que ya casi nadie espera: que se anuncie cuál será el uso definitivo de este gran espacio cultural, en el que anualmente se invierten miles de euros para garantizar su rehabilitación.

El papel de la oposición. Pero en esta manifiesta desidia no sólo caen las citadas administraciones. El inapreciable papel de la oposición en materia cultural resulta igual de llamativo. Mientras que en el Ayuntamiento las incursiones del PP son más que puntuales en estas cuestiones -y generalmente se limitan a asuntos patrimoniales- en el Parlamento se echa en falta la voz de los dos grupos de la oposición a la hora de fiscalizar la actuación de la Consejería. Y es que, a fin de cuentas, la cultura puede esperar a que le toque figurar en los discursos electorales.

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