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La cultura sevillana y la crisis

Por una vez, y sin que sirva de precedente, habría que decir que el alcalde tiene razón al contraponer el aprovechamiento de la cultura sevillana al despilfarro cateto durante las fiestas navideñas y más en tiempos de crisis. Eso viene como anillo al dedo...

el 15 sep 2009 / 18:39 h.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, habría que decir que el alcalde tiene razón al contraponer el aprovechamiento de la cultura sevillana al despilfarro cateto durante las fiestas navideñas y más en tiempos de crisis. Eso viene como anillo al dedo porque, en realidad, la mayoría de los rasgos que han puesto a Sevilla en el mundo nacieron en las crisis, empezando por la que en el siglo XVIII la quitó del G8 de las urbes de entonces. Como remedio a la crisis, Olavide puso la Escuela de Actores de la calle San Vicente sin saber que se estaba inventando la canción andaluza y haciendo de manager de Rosario Fernández La Tirana y María Antonia La Caramba.

Llegó luego Arjona en la de la monarquía, tras el derrocamiento del régimen de Riego. Para levantar el prestigio real reinventó el Santo Entierro y convenció a Fernando VII para que abriera la Escuela de Tauromaquia. Resultó que la Semana Santa era cultura vendible y que los toros tenían un gran porvenir económico. Años más tarde la Feria, dudando del camino del comercio de Ybarra y Bonaplata, se llenaba de trajes andaluces, caballos enjaezados y estrofas de sevillanas que abrían el de la economía del espectáculo.

La Navidad, en cambio, no tuvo ni Olavides, ni Arjonas, ni Ybarras, salvo a José María Izquierdo en la Cabalgata de Reyes que, por desgracia, sale el penúltimo día del período; siguió pues sin domesticar, sin aburguesarse y adquirir características propias y atrayentes. Abandonada a su suerte seguía cuando intentó recogerla Marset -cuyo fuerte no era precisamente las manifestaciones culturales autóctonas- y en vez de hacer algo con los campanilleros se inventó el festival Entre Culturas. Nadie supo nunca entre qué culturas estaba. Aquello era espuma, como la falsa de Ybarra y Bonaplata nieve del despilfarro cateto.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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