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La Danza de la autocomplacencia

el 19 may 2012 / 20:57 h.

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Desde que el mundo es mundo el ser humano se ha servido de la danza y la música para evadirse del sufrimiento, de ahí que se le pueda atribuir una función terapéutica. Es el punto de partida de esta nueva propuesta de Juan Luis Matilla, un solo de danza que, por desgracia, solo le sirve de terapia a su intérprete.

La obra está concebida como una larga performance en la que la danza no es más que una excusa para que Juan Luis Matilla espante sus males cantando a ritmo de pista discotequera,  como si de un cantante de música disco si se tratara. Tal vez por eso Matilla ha elegido cantar en inglés y, entre canción y canción, busca la complicididad del público hablándole en el idioma anglosajón, llgando incluso a solicitar su interacción en ese idioma. Claro que para ello cuenta con toda una gama de gestos fácilmente compresibles y un lenguaje corporal que se dirige hacia el terreno del absurdo. En ese sentido, podría parecer que el uso del inglés funciona como un factor de denuncia del fenómeno de la globalización que banaliza nuestra cultura. Pero el empeño del bailarín de pasarse las tres cuartas partes del espectáculo machacando las canciones con una pésima intepretación, mientras deja la danza en un segundo plano, acaba conformando un discurso ramplón y frívolo en el que la denuncia se pierde a favor de la autocomplacencia y la coreografía no acaba de proponer nada nuevo, aun cuando nos regala algunas figuras sublimes ejecutadas con gracilidad y limpieza.

 

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