Local

La delicada situación de los ayuntamientos

Si hay una asignatura que sigue enquistada tras la complejísima negociación del nuevo marco de financiación de las comunidades, ésa es la de la financiación local.

el 16 sep 2009 / 06:20 h.

Si hay una asignatura que sigue enquistada tras la complejísima negociación del nuevo marco de financiación de las comunidades, ésa es la de la financiación local.

La mayoría de los ayuntamientos, y en esto no cuenta la adscripción partidista de quienes los gobiernan, exigen a las comunidades autónomas y al Estado mayores ingresos para la satisfacción de unos servicios que, en ocasiones, ni les son propios.

La deuda pública global de los municipios españoles ascendió en 2008 a los 32.000 millones y este año, como consecuencia del desplome de los ingresos derivados de la actividad inmobiliaria, se calcula que se acumulará otra deuda de unos 4.000 millones.

Si no fueran instituciones públicas, algunos estarían en quiebra y ya ni resulta noticioso el que una corporación local pida un expediente de regulación de empleo.

Ante esta situación, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) esperaba que en el marco de la negociación autonómica se llegara también a algún tipo de pacto para salvaguardar las cuentas municipales. No ha sido así.

El dinero no parece dar para mucho más y los ayuntamientos tendrán que esperar a 2011 para que una Ley de Financiación Local regule su participación en los ingresos que recauden las comunidades autónomas, que es lo que pretendían.

Es verdad que el Gobierno ha hecho un esfuerzo y ha canalizado a través de ellos las ayudas al empleo del Plan 8.000, lo que les ha permitido cuadrar los presupuestos de inversiones de este año, pero su problema es mucho mayor.

Se ven obligados a prestar demasiados servicios y a endeudarse para pagarlos. Y aunque hay sitios, como Andalucía, donde se les reporta dinero a través de un fondo de nivelación, lo cierto es que necesitan una solución estatal que les permita contar en el medio y largo plazo con un marco de financiación más claro que evite su asfixia.

No es una cuestión de confrontación ideológica entre unos y otros, sino de mera supervivencia de las corporaciones locales.

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