Cultura

'La democracia es muy frágil si sólo se mueve por consignas'

El filósofo José Antonio Marina vuelve a demostrar que se puede ser superventas sin tratar al lector como un estúpido. En La pasión del poder, que presentará esta tarde a las 19.30 horas en la Casa del Libro de Sevilla, explora una de las claves de la sociedad actual.

el 15 sep 2009 / 22:49 h.

El filósofo José Antonio Marina vuelve a demostrar que se puede ser superventas sin tratar al lector como un estúpido. En La pasión del poder (Anagrama), que presentará esta tarde a las 19.30 horas en la Casa del Libro de Sevilla, explora una de las claves de la sociedad actual. También ha publicado recientemente Palabras de amor (Temas de Hoy) donde indaga en los epistolarios amorosos.

Marina (Toledo, 1939) se ha ocupado a lo largo de su extensa obra del lenguaje, la ética, los sentimientos, la fe, el deseo... Esta vez tocaba abordar el poder y sus resortes. "Se unió mi interés por la inteligencia política y por el deseo, porque uno de los grandes deseos del ser humano es el deseo de poder", explica. "He observado que el poder se da en todos los niveles, desde las relaciones de pareja a las religiones. Pero los mecanismos son siempre los mismos: tiene el poder quien puede dar premios, castigar o cambiar las creencias. Por otra parte, a lo largo de la Historia ha habido siempre un deseo de legitimar el poder como única manera de mantenerse en él".

También está relacionado este tema con uno de los últimos ensayos de Marina, el apasionante Anatomía del miedo. "Claro, el miedo es otro de los mecanismos esenciales del poder. Ya lo decía Maquiavelo en El Príncipe: 'El Príncipe debe hacerse temer y querer. Pero el temor dura más que el amor", añade.

Con La pasión del poder, José Antonio Marina añade una nueva aportación al mosaico panorámioco que viene construyendo desde hace ya muchos años, y donde pretende brindar al lector herramientas para comprender mejor la sociedad en la que vive. "Ten en cuenta que la Filosofía es un servicio público, y los que tenemos la suerte de dedicarnos a la investigación no tenemos derecho a elegir los temas de los que vamos a ocuparnos. Nuestro deber es salir a la calle y ver qué le preocupa a la gente. Y, a partir de ahí, intentar elevar la calidad de los debates. Si el debate se encanalla, corremos el riesgo de encanallarnos todos. Pero si se enriquece, todos salimos ganando", dice.

Eso aunque, como él mismo admite, no corran buenos tiempos para los debates en general: "La verdad es que hoy hay mucho lanzamiento de eslóganes, como una pedrea de consignas, pero realmente no se debate, porque para eso hay que intentar comprender al otro. Ahora hay cuestiones importantes como los límitres de la economía, el aborto, la eutanasia o la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que se están discutiendo en medio de insultos feroces sin averiguar qué argumentos tiene el contrario. No hablo de oídas, lo he sufrido", afirma.

¿Resignación? Nada de eso: "Hay una tarea paciente que hacer, y que pasa por cargarse de razones, y los argumentos prevalecerán. Hay que implicar a la sociedad en estas controversias, porque hay mucho en juego. Una democracia no ilustrada es algo muy frágil si se mueve por consignas y no por argumentos", asegura Marina. "Cuando estudias la evolución de la Humanidad, ves que todas las grandes conquistas se deben a una tenaz presión social, mientras que los poderes públicos han ido siempre a remolque. Ningún soberano eliminó la esclavitud ni dio derechos a las mujeres por propia iniciativa. No hay ningún salvador que venga a darnos nada, el ciudadano tiene que tomar conciencia y movilizarse", apostilla.

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