Cultura

«La democracia ha sido siempre un producto de exportación»

El escritor libanés Amin Maalouf, que obtuvo el Goncourt, máximo galardón de las letras galas, reflexiona sobre los males de la sociedad actual en ‘El desajuste del mundo'

el 29 sep 2009 / 21:03 h.

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"El siglo XXI se salvará por la cultura o naufragará", advierte el escritor libanés.

-En El desajuste del mundo, su nuevo libro, dice que ha vivido en la órbita islámica por nacimiento y en la órbita occidental por formación, pero cada vez se siente más alejado de ambas. ¿Qué espacio hay en medio?

-Desde mi infancia viví en culturas mezcladas: en mi familia nos interesábamos mucho por la literatura árabe, más tarde fui al colegio de los jesuitas, abandoné Líbano al principio de la guerra civil y me instalé en Francia, de eso ya hace 33 años... Desde hace mucho tiempo intento explicar cada cultura a los demás, y cada vez me resulta más difícil. A veces es muy difícil defender lo que ocurre en el mundo musulmán... Y si digo que Occidente es portador de los Derechos Humanos, las libertades, la democracia, me responden: ‘mire lo que hacen en Iraq, ¿son éstos los valores de la democracia?'. Estoy muy ligado a las dos culturas, y por otra parte tengo a veces ganas de mandar ambas a paseo y decir: ‘no tengo nada que ver ni con unos ni con otros'.

-En el libro cita el caso de una chica de origen argelino que quería crear en Amsterdam un centro para mujeres, y las autoridades locales consultaron al imán del barrio; ¿es posible que Europa haya dado a los imanes más autoridad de la que nunca tenían, en nombre de una tolerancia mal entendida?

-Es una manera totalmente absurda de concebir la tolerancia. Lo correcto, desde mi punto de vista, sería aplicar los principios y leyes del país. Es decir, que si se cree en la libertad individual, se debe aplicar a todas las personas, tengan el origen que tengan. Desconfío profundamente de esas actitudes que se presentan como respeto a los valores culturales de los otros, y que en el fondo no son otra cosa que desprecio. El respeto verdadero consiste en tratar al otro como a uno mismo, y no de esa manera que lo reduce, como si fuera un ser infantil que debe estar bajo la tutela de los jefes tradicionales. Hay una idea fija que dice que el fallo de Occidente es intentar imponer sus propios valores al resto del mundo. Pienso que es exactamente al contrario: el fallo de Occidente es que no ha respetado sus propios valores en sus relaciones con el resto del mundo. Hay otra idea, la que dice que no se puede exportar la democracia. Es completamente absurdo. Desde sus principios, la democracia es un producto de exportación muy común. El problema, por ejemplo, de los norteamericanos en Iraq no es que han intentado imponer la democracia en un país que no la quería, es que nunca han querido imponer la democracia. La sociedad iraquí estaba perfectamente capacitada para aplicar un sistema democrático, había una auténtica sed de democracia. Pero si se llega con un ejército de chavales iletrados que disparan a todo lo que se mueve, si se disuelven las fuerzas armadas, si se destruye la administración del país, si se cometen cientos de abusos contra civiles, la población tendrá una idea muy poco favorable de esta democracia.

-Hace unos treinta, cuarenta años, en las sociedades árabes se hablaba de las luchas entre comunistas, baazistas, nacionalistas... Hoy se habla de las luchas entre suníes, chiíes, cristianos. ¿Qué ha pasado?

-Han pasado varias cosas. Primero: todos los movimientos nacionalistas del mundo árabe están muy mal considerados, en parte por razones locales, en parte por razones más globales. Entre las locales, los movimientos nacionalistas han acumulado fracasos y derrotas y han perdido su credibilidad. Y luego, a escala internacional, hemos pasado de un mundo en el que las divisiones eran esencialmente ideológicas a uno en el que las divisiones son identitarias y, más exactamente, religiosas. Eso pasa en muchas partes del mundo, pero en el mundo árabe más que en otros sitios.

-¿Por qué se utiliza como seña de identidad la religión, que por definición es exclusiva, y no la lengua, que es integradora?

-Entre los mil cuatrocientos millones de musulmanes del mundo, sólo trescientos millones hablan árabe. Hay mil millones que no lo hablan. De ahí que el factor de unión en el mundo musulmán es mucho más la religión. Pero la lengua sigue siendo importante en los países, donde todo el mundo pertenece a la misma comunidad religiosa. En Turquía, por ejemplo, la cuestión de la lengua es mucho más importante, porque todos los turcos son suníes, y entre los musulmanes suníes hay diferencias entre los que hablan el turco y los que hablan kurdo... En otros países hay diferencias entre las comunidades religiosas como suníes y chiíes. Pero diría que no hay un factor único que sea el de unidad universal, hay diferencias entre comunidades religiosas, entre idiomas...

-Usted deposita toda la confianza para el futuro en Obama. Si fracasara, ¿tenemos plan B?

-No sé lo que pasará, pero sería un desastre para todos: para América, para el mundo árabe, para el mundo entero. Hoy no podemos prever lo que habrá en el mundo o en América dentro de cuatro o cinco años, pero yo espero profundamente que tenga éxito, que restablezca la confianza, que resuelva los conflictos de Oriente Próximo mediante la solución de los dos Estados, el israelí y el palestino... Espero profundamente que tenga éxito.


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