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La desconocida historia del joven restaurador

el 16 sep 2009 / 08:34 h.

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A su hija, hoy anciana, le hicieron ver que el olvido era mejor, que no valía la pena luchar por un muerto. Así ha vivido hasta ahora, con el dolor de un padre asesinado, con la única herencia de la ausencia. Gente humilde marcada por la guerra entre hermanos en la Granada del 36. Ahora, cuando ha escuchado, cuando ha visto que hay quien batalla por darle a los suyos digna sepultura, cuando se ha informado de cómo, de dónde, de cuándo acudir, ha levantado la voz. Entre Alfacar y Víznar también está mi padre, y yo lo quiero recuperar.

La historia, callada de décadas, le ha llegado a la Junta de Andalucía por sorpresa. "No teníamos ninguna constancia de una persona más hasta ahora", reconoció ayer la consejera de Justicia y Administración Pública, Begoña Álvarez. Una mujer granadina se puso en contacto con ellos y contó su vieja y larga historia. La fosa de Lorca, Galadí, Arcollas, Galindo y Roldán tenía un sexto inquilino: Miguel Cobo Vilchez, se llamaba. Era de Granada, restaurador de profesión, y contaba apenas con 26 años cuando desapareció de pronto. Existe apenas una partida de defunción, casi ilegible, que da fe de su muerte el 5 de septiembre de 1937, aunque su hija sostiene que llevaba desaparecido más de un año, desde el 17 de julio de 1936, un día antes del alzamiento de Francisco Franco en Marruecos. En ese tiempo no tuvieron más noticias sobre él. Luego le llegaron algunos detalles. Que fue pasado por las armas en Alfacar, allí donde el tomillo conversa con una fuente, donde acaban los caminos de pastores. Que cayó "en una acción de guerra". Poco más.

La familia, como era común en años de venganza, fue víctima de las múltiples tropelías que llevaron a cabo los amigos del fascismo, con cambios en fichas, alteraciones de nombres, de orígenes, de procedencias o de oficios, cualquier cosa que sirviera como excusa en un registro para decir que no, que nadie con ese perfil estaba asentado, que no se sabía dónde podía estar aquel a quien buscaban.

Prudentes, los familiares no han entrado en liza en los medios y se limitan a aportar a la Junta la documentación de que disponen y a esperar acontecimientos. Con el revés de la negativa de la nieta de Galindo a que los huesos de su abuelo sean exhumados, ya sólo quedaban dos familias que seguían reclamando la apertura, las de Galadí y Roldán. No es una cuestión de número, sino de derechos, matiza la Junta, pero este último y sorpresivo descubrimiento refuerza a los partidarios de la exhumación. "Nos va a ayudar mucho, tenemos la fuerza del deseo de unas familias que necesitan esta reconciliación", afirman desde la Asociación Granadina de Memoria Histórica.

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