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La diplomacia del balón

Tiene gracia todo este fervor patriótico a cuenta de los éxitos importantes de la selección española de fútbol. Ha bastado un triunfo, tan meritorio, de unos jugadores para que se eleve a categoría algo que no está en cuestión, que España existe.

el 15 sep 2009 / 07:20 h.

Tiene gracia todo este fervor patriótico a cuenta de los éxitos importantes de la selección española de fútbol. Ha bastado un triunfo, tan meritorio, de unos jugadores para que se eleve a categoría algo que no está en cuestión, que España existe.

Puestos a verle el lado sensato a la cosa, el coro del Apocalipsis de la fractura de España habrá podido comprobar que no hay tal. La gente sabe que su pueblo y su lengua no son un cuerpo extraño en la realidad española. La unidad deportiva y la euforia nacional son la prueba que faltaba.

A otros les ha dado ahora por defender el español en España, una lengua que compite con el inglés en el mundo. Ponte a decirle a tantos millones de hispanoparlantes que su idioma corre peligro. De correrlo, ese peligro no está en donde los cruzados de lo español lo sitúan sino en el uso lamentable que de él hacen los que lo utilizan como lengua habitualmente.

Hay que ver lo que le gusta a cierta gente montar una cruzada ante un enemigo inexistente. Es otra recidiva de la resaca del "España se rompe". Aunque realmente no es que España se rompa sino que la España que se pretende mantener no es que se vaya a romper es que se quebró afortunadamente hace algún tiempo. La España Una, Grande y Libre.

Me ha dado últimamente por analizar lo del tremendismo hispano. Pero es que está la caverna muy activa buscando herejes y antipatriotas con la esperanza inconfesada de que las circunstancias le permitan montar una hoguera para quemarnos a todos.

Abogado

crosadoc@gmail.com

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