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La Edad de Oro: una pugna vigente

Santi Ortiz y Paco Aguado reivindicaron la actualidad del legado de dos colosos del toreo

el 12 dic 2013 / 10:29 h.

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El gallismo y el belmontismo, lejos de ser una reliquia del pasado, permanecen rabiosamente actuales un siglo después de la alternativa de esos dos diestros fundamentales que cambiaron para siempre los fines y el lenguaje del toreo. Así o pusieron anoche de manifiesto los escritores Francisco Aguado y Santi Ortiz –moderados por el informador Emilio Trigo– en el trianero Castillo de San Jorge. Era la última mesa redonda organizada dentro de las actividades paralelas a la celebración de la doble muestra organizada por el Ayuntamiento. La exposición ha servido para conmemorar el centenario de los doctorados de José y Juan y ha estado desdoblada en las dos orillas: el propio mercado trianero y el convento de Santa Clara. CharlaBelmonteyJoselitoPero si esa muestra ha dibujado geográficamente la dualidad de las revoluciones complementarias de Joselito y Belmonte, la charla de ayer mostró que esa dialéctica –Sevilla y Triana; el arte y la ciencia– permanece intacta. Paco Aguado es el principal abanderado de la revisión del papel histórico jugado por Joselito El Gallo, un coloso del toreo al que algunos sólo otorgan un carácter enciclopédico y recopilador. Pero para Aguado, “no hubo tal competencia” entre Joselito y Belmonte. “Si acaso fue de cara a la galería y aunque pudieron sostener un leve pique interno, el propio Joselito dijo una vez que si Belmonte era capaz de hacer la mejor faena, el mejor torero era él, Gallito”, sostiene el periodista madrileño advirtiendo que “la figura de Joselito se había quedado atrás, muy tapada por toda la literatura belmontina”. Santi Ortiz, autor de la más reciente monografía sobre Juan Belmonte, reconoce ese halo literario que rodea al Pasmo de Triana pero puntualiza que “los toreros que tienen esa literatura es porque la sugieren”. El profesor, matador de toros y escritor onubense traza algunos paralelismos con toreros más recientes: “¿No es más literario Paco Ojeda que Espartaco; Manolete que Marcial Lalanda o José Tomás que Ponce?”. Según el análisis de Santi Ortiz, se trata de toreros que “nos sugieren e inspiran cosas que otros no son capaces de transmitir”. Para el autor choquero, Belmonte encarna ese caso. “Se trata de un torero revolucionario, innovador pero también dueño de un carisma y una personalidad arrolladora que no podemos perder de vista”, precisa. Frente a esa reivindicación del belmontismo, Aguado sostiene que el actor fundamental en los cambios que experimenta el toreo entre 1913 y 1920 es Joselito, impulsor de “una revolución estructural que resulta fundamental para meter el toreo en el siglo XX”. El escritor y periodista madrileño reconoce el papel revolucionario de Belmonte, pero lo limita al campo estético dentro de “un concepto artístico, de emociones” que se aleja del toreo ligado descubierto por Gallito que, tal y como aporta Paco Aguado, “permitirá desarrollar la revolución estética de Belmonte y pone las bases para que la corrida de toros se convierta en el espectáculo artístico que aún no era”. Llegados a este punto, las valoraciones de uno y otro ponente se alejan en sentido contrario dibujando una competencia muy similar a la que pudo enfrentar a los partidarios de uno y otro diestro hace un siglo en la yema de la Edad de Oro del toreo. Si Santi Ortiz afirma que “el único revolucionario que hubo en esa época fue Belmonte”, Aguado recuerda que “la fuerza literaria del diestro trianero logró ocultar a Joselito aunque el paso del tiempo ha puesto en valor su influencia en la evolución de las ganaderías, la promoción de las plazas monumentales o el planteamiento moderno de su propia carrera desde su condición de figura del toreo”. Pero la opinión de Santi Ortiz difiere sustancialmente. “El legado de Belmonte está hoy en todos sitios”, señala el escritor afirmando que el torero mitificado por Chaves Nogales “es el padre del toreo moderno”. “Las cosas se podrán interpretar de distinta manera; podremos estudiar distintas tauromaquias pero la trilogía canónica del parar, templar y mandar es belmontina; se trata de una semilla que han seguido todos sin olvidar que el toreo está sujeto a constante evolución” afirma Ortiz añadiendo que “Gallito y Belmonte son dos personalidades que no tienen nada que ver con todo lo anterior. Joselito, como cúspide del toreo decimonónico, es muy superior a todos los que ha habido antes, incluido Guerrita. Pero siente el toreo como técnica, no como arte y la faceta estética del toreo la aporta Juan Belmonte. Todos los que vinieron detrás bebieron de esa fuente”. El año de Gallito y Belmonte aún no ha concluido. Esta misma tarde, la Real Maestranza acogerá la presentación del libro Juan Belmonte. La epopeya del temple y el Castillo de San Jorge será mañana el escenario del recital poético y flamenco que evocará la época de José y Juan.

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