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La educación, para quien la trabaja

Ya ni se sabe cuantos años llevamos enroscando la educación de nuestros niños y chavales en las tablas de la ley, tantos que hasta parece la cosa más natural del mundo eso de acudir al juzgado para solucionar cualquier tipo de problema escolar; ya pertenece...

el 16 sep 2009 / 00:05 h.

Ya ni se sabe cuantos años llevamos enroscando la educación de nuestros niños y chavales en las tablas de la ley, tantos que hasta parece la cosa más natural del mundo eso de acudir al juzgado para solucionar cualquier tipo de problema escolar; ya pertenece a la lógica más fundamental que el Tribunal Supremo, y no la comunidad educativa, sea el que diga con cuantas asignaturas se repite curso e, incluso, forma parte de la publicidad de los colegios concertados animar a los padres a tomar el camino de los tribunales si algo les parece no conforme a sus derechos.

Como si los años de primaria y secundaria fueran materia suministradora de argumentos detectivescos para El candor del Padre Brown, de Chesterton, el discurrir de la enseñanza obligatoria lo hemos encajonado en la pesquisa, la denuncia y la sentencia, dejando las obligaciones de padres, profesores, personal no docente y funcionarios al albur del estamento judicial y abandonado a su suerte el erario público. Llegados hasta aquí, es por tanto hora de replantearse el gasto educativo y pensar si no sería bueno eliminar, por inútiles, determinadas partidas y organismos.

¿Qué pintan los consejos escolares y las elecciones a ellos o las asociaciones de madres y padres de alumnos si ya no van a cumplir ningún papel las opiniones, el diálogo y el intercambio de pareceres? Dejar la educación a quines la trabajan, los jueces, podría representar una óptima salida a problemas tan arduos como el de la Ciudad de la Justicia que encontraría su localización ideal en el edificio de la Delegación de Educación de la Ronda del Tamarguillo. Solucionado todo eso sólo nos quedarían algunos pequeños problemas como el del abandono de los estudios antes de su final por el 30% del alumnado, la violencia o la indolencia juvenil y otras menudencias.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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