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"La Encarnación funciona y el proyecto ha pasado el test"

Esta sevillana de madre francesa lo tiene claro: un edificio no
es más o menos bonito. Lo importante es que funcione, que se llene de vida.

el 16 abr 2011 / 17:41 h.

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Sara de Giles en su despacho de la calle Murillo, junto a la Magdalena.

Sara de Giles (Sevilla, 1972) acumula 13 años de trabajo -haciendo encaje de bolillos, eso sí, para criar a sus dos hijas. En su despacho, entre maquetas, manuales y miles de cajas, se entrevé el pico de una cuna de viajes- en el estudio MGM Arquitectos. Sabe de lo que habla cuando asegura que ahora toca "especializarse". Pero su discurso no es catastrofista: hay hueco para hacer "cosas necesarias" y, sobre todo, que sirvan para devolver el espacio público a los ciudadanos. Por eso, la Encarnación "ha pasado el test".

-¿Hay sitio para la arquitectura en este momento de crisis?
-Es todo lo contrario. Toda crisis viene acompañada de un punto de inflexión en la cultura y en la creatividad. Ahora tenemos que esforzarnos para, con menos recursos, hacer más. Aunque haya menos presupuesto debemos intentar, además de construir lo que nos pidan, resolver la carencia de espacios públicos que detectamos. A nosotros es algo que nos obsesiona.

-Habla de creatividad. ¿No ha estado la arquitectura demasiado tiempo vinculada a la construcción de miles y miles de viviendas?
-Esta crisis nos va a llevar a una especialización. No podemos seguir consumiendo territorio y paisaje.

-¿Cómo sobrevive un estudio como el suyo a una situación de falta de liquidez?
-Muchos compañeros están muy mal, sobre todo, los que han trabajado con la iniciativa privada. Pero, insisto, en este momento vamos a tener que especializarnos. Habrá más competencia y tendremos que diferenciarnos. Soy optimista en este sentido porque creo que esto nos va a ayudar a avanzar más en la investigación: arquitectura más sostenible, accesible... Esta crisis nos está obligando también a salir fuera. Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando en un proyecto en París.

-Hasta ahora los que trabajaban fuera eran una rara avis.
-Sí, pero durante años los arquitectos formados en España han sido un foco de atención para el resto del mundo porque se valora la formación técnica que tienen. Ahora que estamos necesitando salir, estamos siendo muy bienvenidos.

-¿Qué consejo le daría a un estudiante de Arquitectura?
-Yo recomiendo salir fuera y tener experiencia en estudios. Se está tendiendo mucho a acumular títulos, máster, cursos... pero lo importante es la experiencia, que es lo que te va a dar la seguridad a la hora de trabajar. En las universidades europeas se exige desde siempre dos años de experiencia acreditada para que te den el título, y aquí no.

-¿La deuda de las administraciones es asfixiante?
-Nuestra profesión ha sido en este caso siempre muy maltratada. Antes de la crisis también pagaban tarde y mal. Ahora se nota más porque en vez de pagarnos a los seis meses lo hacen a los nueve. Estamos ya acostumbrados. Hay gente que ha decidido hasta cerrar los estudios.

-¿Se ha paseado ya por la nueva Encarnación?
-Sí, todos los días. Paso por allí para llevar a mis hijas al colegio.

-¿Qué le parece el resultado?
-Me ha parecido fundamental cómo ha sabido rehabilitar el espacio urbano. No voy a valorar si me gusta más o menos, voy a intentar ser objetiva. Las ciudades tienen que estar vivas y representarse en cada época en una arquitectura diferente. Si hay algo que tengo que valorar es que el proyecto ha sido capaz de generar un nuevo edificio para la ciudad, para habitar y para fomentar las relaciones humanas.

-¿Qué le parece el debate estético que se ha generado?
-Mi experiencia es que es difícil para quien no pertenece a este gremio entender una obra en construcción. Mientras se está construyendo, todo lo que se ve son molestias. Pero, ¿cuántos años llevaba ese espacio clausurado a la ciudad? Hay que esperar a que el edificio se termine, y una vez terminado, es evidente que funciona. Resuelve muy bien la recuperación del espacio público que antes ocupaban los coches. ¿Si es el sitio adecuado? Es evidente que allí había que actuar, no ahora sino hace 30 años.

-¿Se ha topado alguna vez en otros países con oposiciones tan fuertes a un proyecto?
-En Canadá, por ejemplo, tienen edificios que no superan los cien años, pero me ha sorprendido que a la hora de actuar no tienen ningún complejo. Hay que mantener el patrimonio pero lo que no podemos olvidar es que los edificios si no se usan mueren. En la ciudad pasa lo mismo: necesitamos edificios que generen espacios públicos nuevos. La Catedral en su momento fue una revolución. Y ahora es un símbolo. Como lo será la Encarnación. Ésta es nuestra realidad. Si no, haremos arquitectura de museo y las ciudades terminarán quedándose vacías.

-¿Falta entonces pedagogía?
-Yo creo que lo que hace falta es esperar a que los proyectos funcionen. Y que no se piense si es bonito o feo. ¿Funciona? ¿Sí? Pues ése es el mayor test de éxito de un edificio. Que se llene de gente y que funcione.

-¿Coincide con los arquitectos que dicen que la arquitectura en altura está ya superada?
-Creo que este debate no está muerto, lo que se está debatiendo ahora es la tipología. En ese sentido hay mucho campo por avanzar e investigar. No todo se tiene que resolver con una torre o un rascacielos.

-En la Encarnación se adjudicó un proyecto que después se reconoció que no era ejecutable. ¿Esto pasa mucho?
-Hoy en día, técnicamente es muy difícil decir que no es posible hacer algo. El problema es, como siempre, la economía.

-¿Cuántos berrinches se ha llevado porque habían ganado un concurso y a la hora de empezar la obra los políticos introducen cambios?
-Cuando se va a acometer un proyecto público están muy claros los números. Pero siempre hay un margen admisible de improvisación. Personalmente, no nos hemos encontrado con donde dije digo, digo Diego. Otra cosa es que la obra no empiece porque se derivan los presupuestos.

-Decía al comienzo de la entrevista que los arquitectos españoles están muy bien valorados fuera. ¿Se sienten bien tratados también por las administraciones de aquí?
-Durante años pensé que nadie es profeta en su tierra. Estábamos más valorados fuera. A fuerza de nuestro trabajo, que lo hemos tenido casi siempre fuera, en los últimos años sí es verdad que vemos más reconocimiento a la arquitectura actual. Lo hemos notado bastante en los jurados de los concursos de ideas, que son mejores.

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