Economía

La encrucijada de Cajasur

El porqué de la dureza del Banco de España para que acepte la fusión con Unicaja

el 29 nov 2009 / 21:31 h.

Gómez Sierra, en julio, saliendo del Banco de España.

Primera hora del miércoles pasado. Los directores de oficina de Cajasur andaban desconcertados. Un cruce interno de correos electrónicos avisaba ya de que la cúpula de esta entidad se había encargado de mover a sus peones sindicales antes incluso de que, entrada la tarde, se reuniera el consejo de administración para informarle de qué decía el plan de negocio encargado para la fusión con Unicaja. Y pretendía hacerle a ésta, con la avanzadilla laboral por delante, un jaque, pero no contaba con la jugada de mate concebida en el Banco de España.

El día 1 de diciembre podría marcar un antes y un después en la historia de las finanzas andaluzas si finalmente la caja de ahorros cordobesa no se aviene a aceptar, con todo lo que comporta (ajuste laboral y de la red comercial), el matrimonio con la malagueña. Si la negativa se mantiene, el supervisor acometerá una intervención más severa incluso que que acometió con Caja Castilla-La Mancha (CCM), y aquí cabe analizar los porqués de tanta rapidez y sus consecuencias no sólo para la entidad, sino también para sus ejecutivos y consejeros.

Dos avisos previos del auditor de las cuentas. En el último lustro, la auditora que rastrea la contabilidad anual de Cajasur, Deloitte, ha emitido hasta dos salvedades que manifiestan su disconformidad con la elaboración de las cuentas.

La primera de ellas corresponde al ejercicio de 2004, con el cura Miguel Castillejo en la presidencia, y dice textualmente: "La institución ha aumentado significativamente su riesgo crediticio de financiación de la actividad inmobiliaria excediendo los límites de concentración aplicables [...] Ha elaborado un plan, enviado a Banco de España, que a la fecha del informe de auditoría se encuentra pendiente de desarrollo e implantación, no siendo posible evaluar los efectos que pudiera producir la materialización del mismo".

Y la segunda de esas salvedades atañe al año 2008 e indica: "Los administradores han implantado un plan de liquidez que dé respuesta a los riesgos mencionados [incremento de la morosidad, deterioro de la solvencia y dificultad de acceso a los mercados de financiación] que, a 28 de abril de 2009, está en marcha sin poderse evaluar el resultado futuro del mismo".

Por tanto, ya desde hace un quinquenio se alertaba de una excesiva concentración del crédito en las actividades inmobiliarias y, aunque las advertencias del supervisor las recibieron muchas cajas (entre otras, El Monte, ahora Cajasol), no acometió la estrategia oportuna para corregir unos excesos que hoy está pagando, despreciando, además, los planes de ajuste de directores generales nombrados a dedo por el supervisor, a los que Gómez Sierra les hizo la cama durante el tiempo que permanecieron en la entidad.

Una contabilidad que podría no ser cierta. La contabilidad que ha aportado la caja cordobesa durante el primer semestre del año -no ha hecho pública aún la del tercero- tanto a los medios de comunicación como a la patronal de las cajas (CECA) y a la Comisión del Mercado de Valores dista, y muchísimo, del cálculo que, a partir de las cuentas suministradas por la propia Cajasur, ha realizado Boston Consulting Group para el plan de negocio de la fusión.

Ese informe cuestiona los beneficios que, hasta ahora, ha difundido la caja, pues en 528 millones de euros de pérdidas -y un hipotético agujero de 800 millones por inversiones arriesgadas no cubiertas- no se incurre en pocos meses, a no ser que la gestión haya sido en ellos desastrosa.

Estaríamos, por tanto, ante una situación parecida a la intervenida CCM, donde los ex máximos directivos, ahora expedientados, ocultaron las cuentas reales y la delicada situación financiera por la que atravesaba.

Y un detalle muy significativo de que los mercados no se fiaban de los números de Cajasur: el pasado abril, la agencia internacional Fitch rebajó su calificación al nivel del bono basura, la misma que colocó a CCM en vísperas de ser intervenida. Ahora, según se deduciría del informe de Boston, la cordobesa estaría por debajo de los niveles de solvencia y liquidez que exige el Banco de España para que una entidad pueda operar en nuestro país.

La responsabilidad de los administradores. Indaguemos en qué ocurrió después en la caja manchega y que se podría trasladar a la andaluza. El supervisor apreció una conducta negligente tanto en los gestores y directivos con poderes ejecutivos como en los consejeros, pues todos, además de aprobar unas operaciones con excesivo riesgo -concentración del crédito en promotoras inmobiliarias y toma de compañías- y firmar las cuentas, no adoptaron las medidas oportunas para paliar el constante deterioro de CCM y que, al final, desembocó en la intervención de la caja.

Aún hoy el PP anda reclamando responsabilidades "de todo tipo", incluso penales, para los principales ejecutivos de la entidad manchega, ahora adjudicada a un banco filial de Cajastur.

Si ocurre en Cajasur tres cuartos de lo mismo, que su presidente, Santiago Gómez Sierra, y la entidad que la fundó, el Cabildo Catedral de Córdoba, se preparen para la publicación de las operaciones especulativas y trapos sucios.

Subasta y ahí te quedas, Iglesia. Dos escenarios se abrirían si persiste el no, y después de que la Junta de Andalucía se haya negado a mediar y mantenga que la única senda posible es el camino trazado por el supervisor y el plan de negocios de la fusión.
El primero, intervención de la entidad -no requiere ya autorización del Consejo de Ministros, como ocurrió con CCM-, la destitución de los órganos de gobierno y su inmediata subasta, a la que podría acudir Unicaja ya liberada de presiones laborales y eclesiásticas y gritando ahí te quedas, Iglesia.

Si la puja no funciona, el segundo escenario es la liquidación pura y dura, esto es, la desaparición de Cajasur, aunque la sangre no llegará a este río.

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