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Salud

La era del e-paciente

El médico tiene la obligación de adaptarse ante la nueva relación con un paciente que, a diferencia del tradicional, está informado de las enfermedades a través de las nuevas tecnologías y las más de 100.000 App móviles dedicadas a salud.

el 02 jun 2014 / 22:24 h.

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Juan Jurado impartió una conferencia sobre las aplicaciones móviles y su papel en la Atención Primaria. Juan Jurado impartió una conferencia sobre las aplicaciones móviles y su papel en la Atención Primaria. De la infinidad de revoluciones que ha desatado internet, hay una que ha golpeado de lleno al médico de cabecera. Éste ha dejado de estar en la cúspide de la sabiduría y el conocimiento y se encuentra ahora en consulta con un paciente que sabe latín. Ya no habla del me duele aquí o allí sin conocimiento alguno, sino que, por ejemplo, plantea hasta medicamentos asociados a su dolencia o exige pruebas diagnósticas para descartar patologías más graves. Los centros de salud y sus profesionales se han adentrado sin anestesia a la era del e-paciente, una persona «que analiza toda la información con una rapidez pasmosa» y acude a su médico de cabecera con la lección bien aprendida. Otro cantar es si la fuente de la que bebe para informarse de su patología sea la correcta o no en un mundo, el de la red de redes, que tiene tanto de utilidad como de basura virtual y más en un terreno tan sensible como es el de la Sanidad. A la par que crecen las tendencias hacia la telemedicina, crece el conocimiento de un usuario que ya está criado en nuevas tecnologías. Sólo hay que palpar la evolución: el crecimiento de los que utilizan internet y las redes sociales registra un crecimiento exponencial. Hace seis años, tan sólo el 16% de los médicos que acudían a su médico consultaban previamente en la red de redes. Tres años después, ese porcentaje, según estudios que datan de 2012, se había elevado al 61%. Un porcentaje que a buen seguro ha aumentado en estos dos años. Pero, finalmente, ¿eso es bueno o malo? A priori no se atisban problemas y más si se atiene a la figura estricta del e-paciente: una persona que comparte su experiencia con otros, busca información contrastada, elige a su médico a través de las valoraciones de las redes sociales, que también utiliza como medio de comunicación. El médico debe estar preparado para esta ola tecnológica. Y de ahí que, en el reciente Congreso Nacional de Medicina General y de Familia, organizado por la SEMG en Sevilla, se abordara desde la visión de las apps, reconvertidas en nuevas herramientas para usuarios y, como no para profesionales. El encargado de arrojar algo de luz fue Juan Jurado Moreno, miembro de la directiva de la SEMG y médico de familia del Grupo de Informática de la sociedad, quien advirtió, de primeras, del peligro de tan ingente cantidad de información en internet. Así, explicó que se estima que, en el mercado de la App, hay 100.000 productos descargables vinculado a salud. Y, de ellos, sólo dos de cada diez tienen utilidad real para el facultativo, algo que también ocurre, en menor porcentaje incluso, para los pacientes. A eso se suma el problema de los buscadores para llegar a esas aplicaciones, que tampoco contribuyen a dar con los consejos más oportunos. ¿Y cómo se consigue echar a un lado la información inservible? Jurado emplaza a que se implante un sello de calidad, una especie de garantía en las App o gadgets que más beneficien al profesional sanitario y al paciente. Por este motivo, aboga por un exhaustivo proceso de evaluación de estas herramientas tecnológicas para garantizar «un mínimo de calidad» y, por ende, que se pueda utilizar por médicos y paciente con total seguridad». En ese campo, el de ofrecer garantías, están las propias sociedades científicas para filtrar la buena información de la que no lo es. En esa búsqueda de mejoras, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), junto a la Sociedad Española de Cardiología (SEC), tienen previsto lanzar en octubre una app informática para profesionales destinado al área cardiovascular. «Esta herramienta se ha diseñado de manera de que no es realmente útil a los profesionales», relató Jurado, que concreta que los médicos de cabecera parten con la ventaja de que van con una mentalidad de usar la innovación tecnológica para «crear herramientas que sean realmente necesarias». De todos modos, España todavía anda a la cola en esa adaptación a la era digital en el ámbito sanitario. En Reino Unido, por ejemplo, tienen constituido un ente regulador (NICE), indispensable como filtro para reconocer la utilidad de una App en concreto. No es que no haya intentos, más o menos efectivos. Ahí está idoctus, una plataforma virtual que es «de una gran utilidad» para los facultativos, aunque le queda todavía mucho rodaje. Por eso, Jurado es claro: pese a todo lo avanzado, hasta la fecha, las mejores aplicaciones no se localizan en web, «sino en el boca a boca» entre médicos. Lo que sí está claro es cuál debe ser la razón de ser de las aplicaciones móviles en el futuro. «Las App deberán perseguir ofrecer información, soluciones a problemas, orientar, recordar, avisar, calcular, etc.; debiendo ofrecer este apoyo en el punto y momento de la toma de una decisión», defendió este experto en nuevas tecnologías, que considera que, más allá del servicio que pueda dar para la información al paciente, hay herramientas claves para la atención ordinaria, en consulta o en el domicilio del paciente. Incluso en el servicio de urgencias. Pero para ello hay que recorrer un camino largo. Las aplicaciones deben estar «adaptadas y optimizadas» para su uso, ofreciendo «aquello que el profesional necesita, de forma directa, concisa y clara, permitiendo seguir profundizando o dejándolo en ese punto». Y ahí entra en juego a quién va dirigida esta innovación. Y, según explica Jurado, hay que hilar muy fino, incluso para determinar si el público al que va dirigido una aplicación es un profesional de un ambulatorio o un hospital. «Las aplicaciones deberán reunir las características de mínimos de rápido acceso, fácil uso (incluido su aprendizaje), orientadas a funciones concretas, ofreciendo una interface de utilización atractiva, cómoda y funcional», concluyó.

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