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Jóvenes al día

La escritura como medio de vida en tiempos de crisis

Los nuevos autores no las tienen todas consigo para publicar sus obras.A pesar de ello existen alternativas para llevar sus creaciones ante los lectores y conseguir que la industria de la literatura sobreviva en esta etapa de cambio a la era digital.

el 11 jul 2014 / 08:30 h.

Borja de Diego tiene 26 años y es escritor además de periodista. A su corta edad ya ha publicado varias obras: El leñador de sombras y otros cuentos y el poemario Barro (Ediciones en Huida 2010 y 2013), además de una obra de teatro titulada Cartas (Editorial Anantes, 2014), que actualmente representa la compañía Miua Teatro. El autor Borja de Diego y la actriz Mila Fernández (Miua Teatro)en la presentación de ‘Cartas’ en el Centro Andaluz de las Artes Escénicas. / Foto: CdAEa El autor Borja de Diego y la actriz Mila Fernández (Miua Teatro)en la presentación de ‘Cartas’ en el Centro Andaluz de las Artes Escénicas. / Foto: CdAEa Dice que estudió Periodismo pensando que esta formación le ofrecería más posibilidades de supervivencia económica, aunque la experiencia le ha llevado a experimentar lo contrario: «He ejercido tres años como periodista en la revista El giraldillo y cobrando a la pieza como crítico de artes escénicas y musical en varias revistas. Actualmente estoy en paro, pero sigo colaborando donde puedo». Para él, es evidente que los escritores noveles encuentran más dificultades para publicar que los consagrados, aunque en los últimos tiempos «ha cambiado mucho la cosa gracias a la impresión digital y la posibilidad de publicar textos a través de internet». Añade además que incluso algunas editoriales han reaccionado impulsando una especie de mercado de autores jóvenes. El problema, según afirma, reside en que los escritores jóvenes sólo pueden publicar con editoriales emergentes, tiradas pequeñas que van de los 100 a los 500 ejemplares, «pero estamos fuera del circuito de las grandes editoriales, sus posibilidades y sobre todo su alcance». «Ser escritor en la actualidad es un acto de locura», expone. Como ocurre muchas veces con cualquier otra disciplina artística, se asocia antes con la personalidad que con el oficio: «Pretender ganarse la vida a día de hoy como escritor sin pertenecer a una élite ya establecida y en muchos casos tratada como piezas de museo se acerca más a un arrebato que a cualquier otra cosa, sobre todo ahora que la crisis económica lo cuestiona todo». Para Borja es complicado responde si las editoriales apuestan por los escritores más jóvenes: «La crisis ha vuelto el mercado más sensible y forzado a las editoriales a buscar nuevos nichos de mercado, y ahí siempre estuvieron los jóvenes». Indica que los jóvenes tienen menos experiencia y están muy dispuestos, y eso ayuda, además resultan mucho más baratos a las editoriales, como en el resto de trabajos. «En cualquier caso, la edad puede haberse convertido en una variable para las editoriales más potentes, pero el mercado no ha cambiado mucho más», indica. Dice que en su caso ha publicado en editoriales pequeñas, y por tanto empresas dispuestas a escuchar, leer y descubrir. También el género dice que influye y él se mueve sobre todo en torno a la poesía, mientras que la novela tiene más oportunidades. Para él, los escritores se encuentran con todas las dificultades a las que se enfrenta la literatura por lo general y, a la vez, «el desconocimiento del público a nivel general y la carencia de las herramientas para llegar a ellos, la precariedad a la hora de mover nuestros libros y lograr por tanto algún tipo de estabilidad económica que no pase por un trabajo más allá de la escritura», destaca. «Desde niño ya disfrutaba inventando historias a través de juegos o ejercicios escolares», recuerda. Le encantaba inventar y así buscaba sus propios cuentos, disfrutaba dándole vueltas a las adivinanzas y fábulas, y sobre todo leyendo. «Estudiar literatura en el instituto me permitió conocer y profundizar en autores, sus libros y estructuras, e ir poniendo en práctica cuanto aprendía con textos propios para poco a poco ir buscándome». A partir de ahí, el encuentro con otros compañeros de su edad que también se iniciaban con la escritura y autores ya veteranos, que quisieron guiarlo, le permitió dar los primeros pasos, enviar textos a revistas y concursos, y en definitiva escribir mucho hasta encontrar en las palabras una voz. Publicar un libro, dice, no es nada rentable: «Lo más que le puedo sacar a un volumen con mis derechos de autor son 200 euros, y eso es un éxito». Ha agotado la primera tirada con El leñador de sombras, es un triunfo inesperado, indica. Para las editoriales debe de rentable, asegura: «recuperan la inversión y sacan un beneficio, pero muy moderado». Borja también recita en circuitos y espacios más bien alternativos en los que ha podido vender sus propios libros. «También me han invitado a participar en algún programa retribuido y este año me dieron de alta en el Centro Andaluz de las Letras para participar en un circuito de lecturas para la difusión de la literatura andaluza, también retribuido, pero con una paga moderada y que no pasa de simbólica si te llaman una vez al año, tras la sangría del 21% por el IVA cultural y que se termina convirtiendo en un problema cuando haces la declaración de la renta», denuncia. Opina que los jóvenes leen mucho más de lo que se piensa: «Creo que es un problema generacional y de educación, pero como todos nosotros tienen inquietudes. Cuando participas en encuentros con centros escolares logras un pequeño acercamiento, ya no ven a los escritores como bichos raros porque están presentes en lo que les gusta: videojuegos, series, periodismo deportivo… Cuando ves que algunas novelas juveniles como Canción de hielo y fuego o su adaptación en Juego de tronos les llega descubres que no tendrán hábito, pero sí inquietud, y de ahí a la lectura hay un paso». Entre los temas que interesan a los jóvenes se encuentran el romanticismo, las aventuras, el terror y la fantasía. «No hay más que ver lo que leen para preguntarse si los programas escolares están bien planteados», plantea. Concluye exponiendo que cree que se les debería prestar más atención a estos escritores noveles más allá de su juventud, y considerar en serio su trabajo: «Desarrollar un criterio honesto y respetuoso, como a todos los demás, porque por poco caso que se les haga, están construyendo algo».   Paciencia. Irene Nárdiz tiene 30 años y ha publicado una obra, Síndrome de Ausencia, (Ediciones en Huida 2012). Para ella tampoco ha sido fácil ser escritora. Aunque destaca que las claves del éxito pasan por tener paciencia, tesón y estar convencido de lo que llevas entre manos. Ha tenido que luchar contra aquello de «búscate una profesión seria». Han existido muchos obstáculos a su alrededor, pero nunca ha dudado un instante que hacía lo que más le gustaba: escribir. Irene comenzó a dedicarse a la literatura gracias a la escritora Soledad Galán. «Con ella empecé mi primer taller de escritura creativa. Me dio pautas que me fueron encaminando y ayudando a dar mis primeros pasos». Cuenta como anécdota que un día al finalizar una de las clases le dijo que acabaría escribiendo poesía –algo a lo que se negó porque aún tenía atravesada la poesía en el instituto–. Pocos años después algo la hizo cambiar de opinión hasta el punto de escribir Síndrome de ausencia, obra de poesía. El caso de Irene es un tanto atípico, no estudió algo relacionado con las ciencias de la comunicación o el mundo de la literatura: «Soy trabajadora social, es mi profesión, es a lo que me dedico y por lo que también lucho». Aunque añade que tampoco está siendo fácil dedicarse al mundo del trabajo social. De hecho ahora se encuentra desempleada. Para ella no es importante cobrar o no al escribir: «vivo de mi profesión como trabajadora social». Por su parte, al menos de momento, dedicarse de forma profesional a la escritura no es una meta. «Yo quiero este mundo para tomar contacto con otras personas, intercambiar experiencias, vivir buenos ratos y de momento estoy satisfecha porque lo estoy consiguiendo», concluye.   poeta. Iván Onia tiene 33 años y en la actualidad tiene en el mercado dos obras, ambas poemarios: Tumbada cicatriz (Ediciones en Huida, 2011) y Galería de mundo y olvido (Ediciones en Huida, 2013). A diferencia de otros escritores, Iván piensa que publicar hoy en día no es tan complicado como hace unos años, es decir, «cualquiera que tenga una inquietud literaria y quiera hacerla llegar al público puede autoeditarse en alguna de las numerosas editoriales que han aparecido de un tiempo a esta parte», expone. Para él «ser escritor» y vivir de lo que se escribe es algo altamente complejo: «Creo que fue Jesús Quintero quien en una entrevista le dijo a Antonio Gala: en España sólo pueden decir que viven de lo que escriben Pérez Reverte y usted». Algo que piensa que es más que anecdótico si se habla de la poesía: «No conozco a ningún poeta que viva sólo de las ventas de su último poemario». Iván ha publicado sus dos libros en la misma casa: «Yo no me he movido de donde empecé a publicar, que es una editorial pequeña de Sevilla a la que he visto crecer estos años dentro de las limitaciones propias que conlleva ser una empresa pequeña». Subraya que la dificultad mayor con la que se enfrenta un editor o un escritor no es muy diferente a la que tiene un frutero o un ferretero: las ventas. «La fórmula es muy sencilla. Si quieres vivir de escribir o publicar, vende los libros necesarios para pagar las facturas del mes y si te queda algo para comprar algo de tinta y un par de cervezas, mejor, si no, baja las persianas y pon el cartel de se traspasa». Iván es licenciado en Pedagogía, aunque no la ejerce: «Me dedico al arte de ser autónomo en España en una actividad que nada tiene que ver con la literatura, pero que, de momento, me da para pagar las deudas que tengo adquiridas por mirar al vacío». Dice de los jóvenes no saber qué tipo de género consumen más, aunque sí tiene claro que no es la poesía: «Tendemos a fusilar a una generación que lo tiene realmente chungo y a la que encima queremos hacer ver que abriendo libros se les solucionarán los problemas, todo dentro de una vorágine social de medios, avasallamiento informativo y promesas de celofán. Si yo fuese más joven y viera el panorama, un libro de poesía es lo que menos me gustará abrir». Iván concluye exponiendo que deberían iniciarse mecanismos para que la gente que escriba bien y esté oculta se dé a conocer. «Creo que la juventud no es un valor en sí misma, los mecanismos que tendrían que darse son los que permitan que la gente que tiene algo que decir, lo diga».   Editorial. Rafael Velis gestiona la editorial Kraken, que trabaja sobre todo con escritores noveles: «Nos diferenciamos del resto porque no pedimos una inversión de dinero». Expone que en muchas editoriales piden un aporte para sacar su libro al autor novel. En su caso, siempre que una obra cumpla unos requisitos de calidad, (buenos personajes, escenarios, una trama bien montada) se sigue adelante con la publicación de la obra sin ninguna inversión. Kraken Ediciones trabaja con todos los hispanohablantes, aunque es cierto que están más centrados en Sevilla y Andalucía. Publican obras de todo tipo y comenta que entre los jóvenes el género más demandado es la ciencia ficción: «Es uno de los manuscritos que más nos llegan, de hecho, de cada cinco títulos publicados, tres son de ciencia ficción». Además, indica que es un género que viene cargado con aires frescos y una nueva visión que según él, gusta mucho a los lectores y es interesante. «Un éxito novel no va a vivir de la escritura», expone. Explica que sólo lo consiguen escritores consagrados que venden miles de ejemplares. En Kraken utilizan un contrato estándar: «El autor se lleva un 10% de sus ventas en papel y un 30% en digital». Un libro con buena aceptación puede estar en unas 200-300 copias vendidas. Comenta que el precio medio de uno de sus libros está entre los 14 y 15 euros. Por tanto, un autor novel de éxito pude ganar en su versión impresa entre 300 y 400 euros. Muy poco dinero para la inversión de tiempo y el esfuerzo que supone que una obra vea la luz.

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