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La espalda de la Feria

Se trasladó el real de la Feria a Los Remedios cuando a su espalda sólo existían el aeródromo de Tablada, la factoría de CASA, los depósitos de Campsa y el precioso chiringuito victoriano de la Real Venta Pilín, unidos a Sevilla por el puente de hierro, orgullo de la gran obra fluvial de la Exposición Iberoamericana...

el 16 sep 2009 / 01:31 h.

Se trasladó el real de la Feria a Los Remedios cuando a su espalda sólo existían el aeródromo de Tablada, la factoría de CASA, los depósitos de Campsa y el precioso chiringuito victoriano de la Real Venta Pilín, unidos a Sevilla por el puente de hierro, orgullo de la gran obra fluvial de la Exposición Iberoamericana y que ahora duerme el sueño de los justos sobre un arroyuelo para que siga con la ilusión de creerse un puente de verdad. Todo un panorama que se ha transformado de forma notable puesto que el Puente del V Centenario, a pesar de sus estrecheces, es una de las grandes vías de acceso a Sevilla y, además, está la del Puente de las Delicias.

Todo aquello ha cambiado, todo menos esa espalda ferial, por no nombrar la parte inferior del tronco, del más puro estilo kitch. Estamos de acuerdo en que la ciudad de seis días y siete noches es pura ilusión, que las casetas no son casa ni las calles, calle; que la portada es un arco triunfal efímero y que los farolillos duran lo que duran. Pero sin esa verosimilitud, la Feria de Abril no sería lo que es, una ciudad real como la vida misma de la obra de Calderón de la Barca. Sin esa ilusión sería no la Feria de Sevilla, sino la de cualquier otra parte.

La ilusión de una ciudad de Utopía es lo que reina en toda ella menos en la rotonda del Puerto. Llegan hasta allí los coches de caballo, los taxis a millares, entran por allí quienes vienen en yate, todo el Aljarafe y los barrios de la Sevilla Sur para encontrarse con un deplorable panorama de traseras de casetas. Si, frente a la portada, la de Aparejadores impone su diseño de terraza, si en las de las esquinas de las calles sucede algo similar, ¿no podría haberse ideado también una forma especial para éstas? Quizás ese proyecto costara hasta menos que las horas pagadas a Rafael Carretero.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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