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La Esperanza de Triana emprende su regreso a casa

Hasta la meteorología quiso sumarse a la conmemoración, emulando casi la misma incertidumbre atmosférica que la de aquel imborrable 2 de junio de 1984. No sin cierto suspense, la Virgen de la Esperanza iniciaba después de las nueve de la noche su regreso a Triana en procesión triunfante.

el 16 sep 2009 / 03:52 h.

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J. G. Palas/Video: Irene Jiménez

Hasta la meteorología quiso sumarse a la conmemoración, emulando casi la misma incertidumbre atmosférica que la de aquel imborrable 2 de junio de 1984. No sin cierto suspense, la Virgen de la Esperanza iniciaba después de las nueve de la noche su regreso a Triana en procesión triunfante.

A nadie le importó aguardar dos horas y media más para verla aparecer poderosa, radiante, gallarda por el claroscuro de la Puerta de los Palos. No fue a las siete, sino a las nueve y media de la noche, cuando el navío de la Esperanza, fortificado por altas esquinas de flores, abandonó la Catedral casi en volandas entre una bulla de varas, acólitos, periodistas, miembros de la Guardia Civil y los sempiternos cangrejeros. En medio de un silencio imponente, el paso salvó el dintel catedralicio para plantarse, casi mudo, en el atrio de la Puerta de los Palos. Cuando arrian los zancos, estalla la primera ovación. A partir de ese momento, las muestras de cariño y fervor popular se suceden sin fin. Con la Virgen ya en la calle, la alegría se desborda. El repique jubiloso de la Giralda se confunde con los sones de Esperanza de Triana Coronada, la inmortal marcha de Albero, a cuyo arranque el pueblo responde como un resorte con óles mientras los costaleros trabajan la cintura. Se desata el delirio. Adolfo Vela, hermano mayor, no llora porque se está bebiendo las lágrimas. Veinticinco años después, la vecina más ilustre de Triana desata pasiones en Sevilla.

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