lunes, 17 diciembre 2018
22:31
, última actualización
Cofradías

La Esperanza que desaparece...

Álvaro Ibáñez se quedó embelesado ante la Esperanza de Triana en su primera visita a Sevilla. Tras hacerse hermano optó por completar las lagunas de su Historia.

el 03 mar 2015 / 12:00 h.

TAGS:

Álvaro Ibáñez Mena, durante la presentación de su novela en Sevilla. / Adrián Jaén Álvaro Ibáñez Mena, durante la presentación de su novela en Sevilla. / Adrián Jaén La noticia del robo en la casa del famoso empresario Justo Osorio Buendía, mayordomo de la Esperanza de Triana, recorre Sevilla en las vísperas de la Semana Santa de 2010. Mientras tanto, la corporación de la calle Pureza se congratula por la finalización de las obras de remodelación y acondicionamiento de su templo y casa hermandad, sin saber que un gravísimo suceso golpeará el ánimo de su junta de gobierno, que decide mantener en secreto lo ocurrido pese a los rumores que inundan la calle: la Virgen de la Esperanza ha desaparecido. Aunque algunos datos le suenen, porque son reales, todo lo que contiene el párrafo anterior es ficción, se trata del punto de partida de la novela Lo último que se pierde, una obra de Álvaro Ibáñez Mora (Albacete, 1986) cimentada en un arduo trabajo de archivo e investigación, así como en un gran esfuerzo en la medición de los tiempos y acciones que se desarrollan en la historia. Pero ¿por qué a un hellinero se le ocurre novelar en torno a la Esperanza de Triana? ¿Por qué tras dos poemarios se decanta por la novela? Músico y miembro de una banda de cornetas y tambores de Hellín, Álvaro llegó a Sevilla atraído por sus agrupaciones musicales. «Para mí era una referencia la banda de las Tres Caídas, es puntera» y, de su mano, se encontró ante la Esperanza de Triana. «No sé qué me pasó al ponerme ante la Virgen en su capilla. No lo sé explicar, pero sé que en Sevilla me vais a entender», confiesa desde el otro lado del teléfono. Terminó haciéndose hermano y organizando su vida en torno a la Madrugá. Este encuentro con la Esperanza le despertó el interés por la historia de su nueva hermandad, se empapó de los libros sobre la corporación, se leyó todos los boletines que cayeron en sus manos y los ejemplares de la revista Más Pasión en los que aparece algún reportaje sobre la cofradía de la calle Pureza... y «siempre he creído que había una historia ficticia que permite rellenar todos los huecos existentes, entre los saqueos, los incendios, la Guerra Civil, las mudanzas... hasta la propia autoría de la Virgen y la evolución que ha experimentado a partir de sus restauraciones». Y esto le empujó a escribir su novela que parte de dos claves fundamentales: la restauración de Álvarez Duarte en 1989, en la que se extrajo una mascarilla de la Virgen, de la que en el libro se saca una copia, y el robo que sufrió la hermandad en 2010 pese a las tremendas medidas de seguridad, incluido un búnker bajo el camarín de la dolorosa. Pese a lo que pueda parecer, la novela está escrita con un «profundo respeto» y con el visto bueno de la hermandad. De hecho, explica Álvaro Ibáñez, «la versión publicada no es la original. Los personajes y sus descendientes han sido consultados y algunos elementos de la trama han sido modificados». Pero la persona en la que delegó el hermano mayor la lectura del libro ha terminado siendo su prologuista, Juanma Labrador. Y para que no quepan dudas, al final incluye un epílogo que deja claro qué partes de la trama corresponden a la realidad y qué es ficción. ~

  • 1