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La estrella de la polémica

el 28 mar 2010 / 11:07 h.

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Aunque no lo parezca, en Sevilla, además de Francisco Serrano, hay cuatro magistrados más dedicados a la jurisdicción de Familia, pese a que para muchos sea el Juez, con mayúsculas, de Familia de la ciudad. En 20 años de carrera este madrileño, de alma y costumbres sevillanas (amante de la Feria, de los toros y de una buena servesita entre amigos), se ha convertido en el magistrado más popular de Sevilla, y eso que Rafael Tirado se lo puso más que difícil. Una popularidad que no se estila en una profesión muy poco amiga de los medios de comunicación: "Los jueces hablamos por nuestras sentencias", repite más de uno cuando se ve acorralado por la prensa.

Serrano, en cambio, es de otra pasta. Youtube está lleno de vídeos con sus intervenciones en las televisiones a las que siempre está dispuesto a acudir, ya sea para hablar de una de sus "pioneras" sentencias o para opinar sobre lo divino y lo humano en cualquier tertulia, siempre que dure más de 59 segundos, porque para él eso no da ni para saludar.

En la prensa su nombre también se ha prodigado, e incluso se atreve a juguetear con las palabras, con colaboraciones y artículos de opinión. Todo un juez estrella para muchos de sus compañeros y gente de ese tradicional mundo del Derecho, que incluso le han llegado a apodar el Garzón sevillano. Motivos no les faltan, sólo tiene usted que hacer la prueba, teclear en Google "juez Serrano" y asombrarse ante las decenas de miles de entradas que aparecen.

La fama mediática de Serrano siempre ha estado ligada a la polémica, porque como él mismo dice, "un juez tiene que ser rebelde". Tan rebelde que incluso se ha ganado las críticas del propio gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), y de la fiscal jefe de Sevilla, María José Segarra.

Una carrera que comenzó con el caso de la niña de Benamaurel, -que le granjeó reconocimiento por defender el interés de los menores- y que continuó al poco de llegar a la ciudad, con el caso que se convertiría en su apellido de por vida -por mucho que a él le moleste-: el de Iván y Sara, retirados por la Junta a una madre que luchó por ellos hasta su muerte. Críticas, intentos de recusaciones y quejas al CGPJ se cruzaron entre Serrano y el abogado de la madre, que convirtieron la prensa en su ring particular.
Pero la llama se encendería cuando Serrano comparó la Ley Integral de Violencia de Género con la base de Guantánamo.

El país se dividió entonces entre los que estaban a favor y en contra de las declaraciones del juez, quien no se amedrentó ante las críticas lanzadas desde el Observatorio de Violencia de Género del CGPJ y desde las filas del PSOE.

El magistrado inició una particular cruzada contra las "feminazis", manteniendo que muchos padres son objeto de claras injusticias por las numerosas denuncias falsas que, según él, se amparan en esta "ley discriminatoria".
Mientras una veintena de mujeres pedía su expulsión de la carrera judicial por el "claro machismo de Serrano", el magistrado recibía cartas de presos que aseguraban haber sido condenados injustamente por malos tratos que no existieron. En Facebook nacía un grupo de apoyo para solicitar que le sea entregada la Cruz de San Raimundo de Peñafort (el galardón que distingue los méritos en la Justicia). "El juez Salomón de Sevilla", como le llaman los 1.561 incondicionales de la red social, reaccionaba con una denuncia en los juzgados contra aquellos que le habían criticado, asesorado por otro animal mediático: el letrado Joaquín Moeckel.

Sin embargo, Serrano no es sólo polémica. Su carácter rebelde le ha llevado a ser pionero en el arte de dictar sentencias. Suya es la primera que otorgó la custodia compartida a los padres de un bebé porque, como repite siempre, "hay que primar el interés del menor, porque los que se separan son los padres y no los niños". Una máxima que le ha llevado a crear una asociación y escribir un libro sobre los divorcios.

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