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La estrella fugaz

El tirón popular que marcó su fichaje para la Junta la lleva, en año y medio, a la Moncloa. Su  gestión al frente de Obras Públicas y Vivienda arroja luces y sombras en un departamento inversor marcado por los recortes, pero su conocimiento entre la ciudadanía no ha parado de crecer.

el 20 oct 2010 / 20:23 h.

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Toda una vida militando en IU, formación a la que dio durante una década la Alcaldía de Córdoba, no llevaron tan lejos a Rosa Aguilar como su paso durante año y medio por el Gobierno socialista de Andalucía que la ha alzado hasta el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. Arrastró consigo su popularidad desde la ciudad califal a la Junta -fue el fichaje estrella de Griñán- y durante su paso por el Ejecutivo regional, encuesta tras encuesta aparece como la consejera más conocida y valorada, pese a lidiar con una Consejería de Obras Públicas -a la que hace seis meses se añadió Vivienda- especialmente afectada por los recortes.

 

En ella confluyen las tres características que, según Zapatero, buscaba en los nuevos ministros: perfil político, experiencia de gestión y gran capacidad para explicar sus decisiones a los ciudadanos, algo clave para contrarrestar el desgaste en los dos años que quedan hasta las elecciones generales con municipales de por medio. De paso, hace un guiño a los votantes de clara ideología de izquierdas, los más desencantados y desmovilizados. Pese a que desde su traición la cúpula de IU se esfuerza en desmontar su imagen progresista -aunque ayer el diputado Juan Manuel Sánchez Gordillo fue uno de los más efusivos al felicitarla-, ella dejó claro ayer que "a Madrid va Rosa tal cual es". Y esa Rosa se autodefine como "una mujer de izquierdas" que "no ha cambiado durante todo este tiempo", que entiende la política como un "servicio a la ciudadanía" y que se siente "plenamente identificada con el proyecto de Zapatero para impulsar políticas de izquierda, progresistas" como antes lo estuvo con el de Griñán. Y todo sin que sea "necesario" afiliarse al PSOE, algo que nadie le ha pedido, aunque sí anunció ya que haría campaña con los socialistas para las municipales e incluso se la ha visto en actos del candidato de Sevilla, Juan Espadas, de quien heredó Vivienda.

Tanto Griñán como ella pusieron el acento en la clave territorial de su nombramiento - "conmigo viaja Andalucía", declaró Aguilar-, al destacar que no es casual la elección de una andaluza para el ministerio que gestiona las políticas agrícolas y ganaderas, que son "una seña de identidad de esta tierra". Pero en la marcha de Aguilar a un Gobierno pensado para hacer remontar la marca PSOE y ZP, en sus horas más bajas, ha pesado mucho que sea uno de los rostros políticos con más tirón popular, más conocidos por la ciudadanía y dotado -gracias a la experiencia municipal- de cercanía en el trato y mano izquierda para lograr acuerdos.

"Creo mucho en la colaboración institucional", recordó ayer una consejera que, cuando llegaron las vacas flacas para la inversión en infraestructuras, ideó la fórmula de colaboración público-privada para comprometer al empresariado (aunque aún sólo se ha materializado en una obra) y alcanzó consensos con alcaldes de todo signo sobre proyectos que antaño sirvieron para la confrontación, como el metro de Granada o los consorcios de transporte.

No obstante, también fue muy beligerante cuando Zapatero suprimió las ayudas a promotores y compradores de VPO, aunque de nuevo apostó por buscar el acuerdo y anunció una reunión bilateral con la ya ex ministra que finalmente ha quedado en el aire. El balance de su gestión arroja luces y sombras en un departamento marcado por la crisis y los recortes, sobre todo en Vivienda. La Junta diseñó un ambicioso plan cuatrianual y selló un pacto a diez años para garantizar un derecho que recogió incluso por ley pero la caída del crédito, pese al compromiso de la banca, lo ha dejado en papel mojado, aunque ayer dedicó su última comparecencia parlamentaria a alabar los logros.

"Mi instrumento es el diálogo", presumió ayer. Y en él confió para resolver precisamente uno de los conflictos que tiene el Gobierno del que sale con el Ministerio que ahora asume:el deslinde de Doñana. "No voy a dejarlo mucho tiempo, intentaré resolverlo de inmediato y resolverlo bien, y para mi el instrumento es el diálogo. Si en la Consejería hemos sido capaces de resolver cosas más complejas con otras instituciones, por qué no vamos a ser capaces de resolver esto". El anuncio ya despertó las suspicacias de los ecologistas, defensores del deslinde que la Junta ve excesivo e innecesario para la protección.
Pendiente de un fallo del Constitucional está también el recurso contra el traspaso del Guadalquivir en virtud del Estatuto andaluz. Y a partir de ahora, su marcado acento cordobés se oirá en Bruselas cada vez que se hable de cuotas agrícolas y pesqueras que siempre tienen en vilo al campo andaluz.

Si ayer Aguilar sólo tuvo palabras de agradecimiento para Griñán, su gobierno y el PSOE por su "acogida", a la oposición por el "respeto mutuo", los agentes sociales y los alcaldes con los que ha logrado "espacios de encuentro", desde su nuevo cargo también prometió hablar con todas las organizaciones del sector. Ecologistas, agricultores y pescadores mostraron su alegría por el cese de Elena Espinosa y acogieron bien pero expectantes a su sucesora. Ambas, por cierto, hablaron ayer por teléfono y durante unos días trabajarán juntas para el relevo, según precisó Aguilar.

"Mucha ilusión, fuerza y ganas" y compromiso para "arrimar el hombro" en momentos difíciles son las credenciales que dice llevar hoy a Moncloa. Omite, aunque lo sabe y explota, el tirón que ha sido clave en su carrera de Córdoba a Madrid.

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