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La exaltada y el alcalde

Ni la memoria de las víctimas ni el Alcalde de la ciudad en donde murieron ni el hombre que hay en su interior merecían el atropello de una exaltada. Este incidente descorazonador deja a cada uno en su sitio. Y es la imagen descarnada de una vidriosa política de descrédito urdida desde las cuevas mediáticas.

el 14 sep 2009 / 23:28 h.

Ni la memoria de las víctimas ni el Alcalde de la ciudad en donde murieron ni el hombre que hay en su interior merecían el atropello de una exaltada. Este incidente descorazonador deja a cada uno en su sitio. Y es la imagen descarnada de una vidriosa política de descrédito urdida desde las cuevas mediáticas artilladas con armas propias del hampa para tratar de tumbar a los que les han derrotado en las urnas.

Da susto saber que hay mujeres como esa conviviendo con nosotros. Lo sabemos, son los que siguen regurgitando la doctrina fascista que permitió el triunfo y la permanencia de Franco. Pero es exigible a los que debían estar en la otra orilla, en la que estamos los demócratas, que no le jaleen ni le consientan con su silencio untuoso ni le den el argumentario para sus regüeldos.

Nadie debe justificar ese incidente frente al que sólo se ha oído la voz singular de una mujer, su mujer, en defensa del agredido. Recluir a esta individua tras los cercados de las especies peligrosas para la buena convivencia ciudadana es una exigencia para todos. No contemporizar con los que le quitan importancia al incidente es una prueba del nueve de que es posible convivir con quienes no piensan como nosotros. Pero no consienten el atropello del contrario. El autocontrol de Monteseirín, la verdad, me ensancha la simpatía y el aprecio hacia su gesto tan difícil de mantener en una situación tan violenta. ¡Siguen zarandeando a los muertos!

Carlos Rosado Cobián es abogado

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