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La excelencia que frena Wert

Más de cien docentes sevillanos se acreditan para ser funcionarios pero el Gobierno bloquea su promoción.

el 01 dic 2012 / 21:20 h.

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Han pasado los últimos años de su vida dedicados a cumplir con el currículum que las administraciones educativas les pedían para poder acceder a un puesto mejor, y justo cuando se disponían a chutar a portería, el juez de línea (el ministro José Ignacio Wert) les pita fuera de juego.

Hay decenas de profesores treinteañeros con excelentes currículos de investigación, docencia y gestión que, sin embargo, desde el pasado 30 de diciembre de 2011 son papel mojado. Esa fecha la recordarán ya para siempre docentes como Antonio Herrera (35 años, de Historia), Estefanía Flores (36 años, de Filología y Traducción) y Rocío Ruiz (34, de Organización de Empresas), los tres, profesores en la Universidad sevillana Pablo de Olavide.

Desde la primavera pasada tienen el certificado de la Agencia Nacional de Evaluación (Aneca) que acredita que tienen méritos de sobra para ser funcionarios (ahora siguen siendo profesores contratados doctor), pero el decreto firmado por el Gobierno antes de las vacaciones de Reyes del año pasado ha dejado en punto muerto, y quién sabe si sin efecto, esta evaluación externa e independiente a la que todo profesor debe someterse no una, sino hasta tres veces, para conseguir una plaza de funcionario.

Antonio, Estefanía y Rocío prestan su voz y sus rostros para denunciar una situación que afecta a 143 profesores acreditados y listos para promocionar dentro de las dos universidades sevillanas y a los que el Gobierno ha frenado en seco cualquier aspiración para ahorrar y cumplir con el objetivo del déficit. A la vista de los resultados, el Ejecutivo ha optado pues por reducir el déficit estrictamente económico a costa de generar un déficit de motivación, calidad y renovación dentro de las universidades.

Antonio, con tres estancias en el extranjero en las universidades de Pensilvania y Harvard, lo deja claro desde el comienzo de la charla: "A mí no me importaría que la Universidad no estuviera formada por funcionarios, pero lo que no se puede hacer es cambiar las reglas de juego a mitad del partido. Eso sí que no". Rocío no se arrepiente de haber dedicado tantos esfuerzos y años a su carrera como docente, pero no puede ocultar tampoco el sentimiento de frustración: "Hasta hace seis meses las reglas estaban claras. He ido cumpliendo paso a paso, punto por punto, con lo que me pedían para ser funcionaria", señala.

La frustración de Rocío se adoba con dosis de inseguridad en el caso de Estefanía. "Me pusieron el caramelo en la boca el 18 de mayo, cuando me dieron la noticia desde la Aneca de que había conseguido la acreditación, y ahora lo que siento es inseguridad. Sigo siendo personal laboral, que ya sabemos lo que eso significa. No quiero ni decirlo. A veces no paro de repetirme "y si...", pero rápidamente intento pensar en otra cosa porque lo contrario es amargarse".

Los funcionarios se han convertido en la diana donde otros tantos miles de españoles disparan su rabia e impotencia por la desesperada situación en la que viven, con recortes en sanidad, educación, prestaciones sociales y lo que queda por venir (ahí está la última recomendación de la OCDE de que se siga subiendo el IVA y se abarate todavía más el despido para incentivar al empresario a contratar).

Rocío, Estefanía y Antonio son conscientes de ello e incluso llegan a disculparse por tener todos los requisitos para serlo después de años de sacrificios. "Entiendo que nuestro problema no es acuciante, pero yo me veo en la obligación de decirle a nuestros rectores y a las administraciones ¡eh, que estamos aquí y esperamos una solución!", afirma Rocío, indignada con el mutismo que guarda el Gobierno central sobre cuál será la salida para esos cientos de profesores acreditados que esperan saber qué va a pasar con ellos.

"Todo son rumores. No creo que el rector nos quiera hacer la puñeta. A él y a toda la Universidad también se la ha jugado el Gobierno", reconoce Antonio. "A nosotros lo que nos gusta es trabajar e investigar, no ser funcionarios", apostilla Estefanía. Los tres compañeros de profesión y de fatigas recalcan que su aspiración por convertirse en titulares no viene motivada por un incremento de sueldo, que también y es legítimo, sino porque promocionando pueden aspirar a que sus sexenios de investigación se reconozcan, a captar fondos para sus propios proyectos de investigación, a dirigir tesis doctorales... "Estamos aquí por vocación", repite Rocío mientras sus compañeros asienten.

Los tres aparcaron "proyectos personales" (la maternidad y la paternidad, entre otros) por convertirse en profesores titulares. ¿El esfuerzo ha merecido la pena? ¿Os arrepentís? ¿Animáis a vuestros compañeros a que se acrediten? Pese al mazazo, a la falta de información y al ninguneo del Gobierno hacia su situación, ninguno de los tres duda. "Por supuesto. Si creen que pueden lograr la acreditación, que presenten los papeles", dice Rocío. "Es una satisfacción muy grande saber que una agencia externa me ha evaluado y considera que tengo un currículum para ser funcionaria", apostilla Estefanía. Pero tampoco quieren engañar a nadie.

Todos los días tienen que luchar contra la desmotivación que supone trabajar, en muchas de las ocasiones, por "amor al arte". "Hemos realizado actividades que no nos correspondían y asumido cargos de gestión sin retribución alguna tan solo por el hecho de saber que tenemos que arrimar el hombro y contribuir con nuestra Universidad", recuerda Antonio.

Rocío, Antonio y Estefanía son los rostros que hay detrás de los números fríos que se suceden desde que estalló esta crisis económica. Las universidades claman desde hace varios meses por una solución a esta imposibilidad de promocionar a sus profesores de manera interna. Se desgañitan intentando defender que una cosa son estas promociones y otra bien distinta los concursos públicos. Pero sus gritos por el momento no han sido escuchados ni atendidos. Más bien se ha producido el efecto contrario. El vicerrector de Profesorado de la Universidad Pablo de Olavide, José Antonio Sánchez Medina, se queja de la "insensibilidad" no ya de Educación sino de Hacienda, que "solo pide recortar, recortar y recortar". "Podemos perder a una generación entera de profesores formados y motivados", advierte.

"Este afán por recortar en las universidades es único en Europa. ¿Hay que ahorrar? De acuerdo, recórtese en recursos, pero déjenos que desde dentro hagamos los ajustes necesarios sin que estos afecten a la plantilla", señala Sánchez Medina, para el que la Universidad española está "intervenida". "Cada día me pregunto para qué estoy aquí y cada día me respondo que debo dejar de hacerme esa pregunta, que es devastadora, y que debo hacerlo por compromiso con mi universidad y mis compañeros", reconoce el vicerrector.

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