Local

La experiencia de volar

Este mes de agosto ha estado marcado por la tragedia provocada por el avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas, que nos ha sumido en el dolor por la muerte de 154 personas cuyas vidas se han truncado para siempre. A este drama le han seguido pequeños incidentes en otros vuelos que han...

el 15 sep 2009 / 10:56 h.

Este mes de agosto ha estado marcado por la tragedia provocada por el avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas, que nos ha sumido en el dolor por la muerte de 154 personas cuyas vidas se han truncado para siempre. A este drama le han seguido pequeños incidentes en otros vuelos que han provocado una cierta alerta sobre la seguridad de las aeronaves. La democratización de este medio de transporte propicia sin duda que sus consecuencias afecten cada vez a un mayor número de personas; sin embargo, aún hoy tomar un avión tiene algo de diferente.

Tomar un avión implica volar, realizar el viejo sueño de alzar las alas y flotar en el aire; significa vencer la fuerza de la gravedad que nos ata a esta tierra y poder observarla desde bien arriba. Y esto es importante porque nos permite observar este nuestro mundo con perspectiva, apreciarlo en toda su complejidad y valorarlo en su diversidad, y acaso descubrimos que la sombra de la Giralda ni se aprecia, que el río Guadalquivir de nuestras entrañas es una fina línea en un horizonte más grande, que nuestro barrio, si se ve, es un abigarrado cúmulo de viviendas impersonales que se repiten sin cesar, que la calle Sierpes no se aprecia y la Plaza Nueva es un pequeño punto; en fin, que representamos muy poco para la humanidad, y casi nada influimos en su destino. En definitiva, que el mundo es ancho y ajeno.

Pero existe otra forma de volar: soñar e imaginar. Otra manera de alzar el vuelo, más económica aunque más difícil, aquella que desata nuestros anhelos y despierta nuestra mente. Un vuelo, este al que nos referimos, que nos aleja de la tierra, un vuelo que nos sitúa en otro mundo en el que los sueños se pueden realizar y donde la utopía es posible. Basta con dejar correr la imaginación; es suficiente con leer un buen libro; o escuchar ciertas músicas; a veces, solo es necesario oír al otro, para que los sentimientos se sublimen, las ideas tomen cuerpo y las personas se dignifiquen. Es un buen ejercicio, os lo aseguro, y más necesario que nunca. En una sociedad en la que las personas se proyectan desde "el yo y sus circunstancias", y en el que el debate político gira en torno a datos de lo macro y no en las pequeñas pero maravillosas cosas, no está de más que palabras como libertad, igualdad, justicia, solidaridad, inunden nuestro universo. No está de más que los soñadores ocupen la escena pública y los utópicos sean ensalzados.

Ahora que comienza un nuevo curso deberíamos hacer esta reflexión, y con ello quizás evitemos enrocarnos en la interminable controversia sobre la financiación de Cataluña y del resto de las Comunidades, la aplicación de la Directiva de la vergüenza, el incompresible conflicto de Georgia, y otras cuantas cuestiones de la misma índole surjan en el futuro. Hay que reclamar, como hicieron los del 68, que la imaginación llegue al poder, y que la utopía guíe nuestros pasos para poder sortear las mil y una trampas con las que nos quieren distraer para evitar que pensemos que en el fondo de todas estas cuestiones se dilucidan la libertad y la igualdad así como la justicia y la solidaridad.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide

  • 1