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La explosión del PSOE de Sevilla

El partido se rompe con la mirada puesta en el 26 de marzo, tras una cita que parece darse por perdida.

el 12 feb 2012 / 23:02 h.

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El sector contrario a la driección regional, abandonó el comité provincial. Entre ellos, Fernández, Gutiérrez Limones, Monteseirín, Toscano o Gómez de Celis.
Lo razonable, a poco más de un mes de las elecciones autonómicas en las que el PSOE se juega buena parte de su futuro, era que la lista de Sevilla, la que lidera el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, hubiera sido aprobada por unanimidad, y que el mismo Griñán hubiera anunciado ante la militancia que hay batalla, que los socialistas pueden revalidar Andalucía como su gran bastión frente al PP que paraliza las oposiciones y que acaba de aprobar la mayor reforma laboral de la democracia. Pero eso era lo razonable. No lo que ha ocurrido en un PSOE completamente roto y que parece mirar más al 26 de marzo, el día después de su posible derrota ante el PP que a su cita con las urnas. Y para muestra un botón: los socialistas sólo han dado por válidos en la negociación de esta semana ocho diputados e incluso en algunos momentos siete -según algunas fuentes, así se planteó por parte de algunos interlocutores en la negociación-. Es decir, que se dan por perdidos entre tres y cuatro y que, por tanto, se entregaría en Sevilla, el bastión de los últimos comicios, la llave de la mayoría absoluta al PP de Javier Arenas.

El PSOE se la juega en Sevilla, y sin embargo, la lista de Griñán ha sido haga quien haga las cuentas la menos votada por el órgano competente, esto es, el comité provincial de toda la comunidad autonóma. Y lo que es peor, aunque dentro del salón de Blanco White, en el que se fraguó la mayor crisis del PSOE de Sevilla de su historia reciente, se quedó una parte del partido, con figuras representativas como Fernando Rodríguez Villalobos, Carmelo Gómez -con sus afines en la capital- Fernando Zamora y que puede ser incluso mayoría dentro de los órganos de dirección provinciales; fuera, enfrentados a la dirección regional estaban entre otros algunos de los principales alcaldes y ediles de la provincia y responsables de relevantes agrupaciones de la capital. Griñán tendrá que hacer campaña en graneros de votos socialistas como Dos Hermanas, Alcalá, Utrera o incluso algunos de los barrios de la capital, como Macarena, San Pablo, Cerro-Amate o Este-Alcosa-Torreblanca con las direcciones de las agrupaciones de su partido completamente enfrentadas en un escenario orgánico sin precedentes. Lo hará, además, sin ejecutiva provincial, con una gestora sin nombrar que puede acabar derivando en un pulso entre el regional y el federal; y con una candidatura cuya aprobación no reconoce una parte de sus integrantes que ni siquiera acudió a votarla en el comité.

¿Cómo ha llegado el PSOE hasta este punto? ¿Cómo se ha dado "este espectáculo"? ¿Cómo se ha tirado "el carro al precipicio", según una exclamación que se atribuye al propio secretario de Organización hasta ayer, Enrique Cousinou? ¿Cómo ha acabado el secretario provincial dando un portazo a las puertas de una campaña electoral? La dirección regional esgrimía los nombres de la lista para defender que su candidatura era de integración y para atribuir a "otras razones" más vinculadas a la instrucción del caso de los ERE la dimisión de Viera. El sector afín al exsecretario provincial señalaba esa misma lista para mostrar que se habían hecho concesiones y que pese a todo había persistido los "vetos" y las "amenazas".

Si se analiza exclusivamente el conflicto de las listas ambas partes tienen parte de razón. Viera y su entorno, reforzados por el último congreso federal, se veían avalados para imponer su candidatura en la que estuvieran presentes los principales referentes que debían configurar su "nueva mayoría" para el próximo congreso provincial. Se hicieron dos concesiones: apoyo sin fisuras a José Antonio Griñán e inclusión de la número dos Susana Díaz. A partir de ahí, consideraban que se podían realizar determinadas cesiones más pero que el peso debía recaer en ellos con nombres como José Caballos, Enrique Cousinou, Carmen Tovar y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. El sector afín al Regional nunca lo entendió así. Para ellos, el sector de Susana Díaz tiene mayoría, y por tanto, debe determinar la lista. Los puestos al entorno de Viera son las "concesiones" y éstas estaban ya predeterminadas con poco margen para la negociación y con el número dos de Díaz como irrenunciable -los negociadores de Viera intentaron que fuera María Jesús Montero como pieza neutral-

Los dos sectores optaron por la estrategia más recurrente del PSOE de Sevilla. Tensar la cuerda hasta el límite y que luego se destense. Pero esta vez se rompió. Villalobos llamó a Viera, y éste se negó a hablar; Viera llamó a Griñán, y este se negó a entrar en el conflicto. Resultado, las dos partes se sentaron ayer a última hora, y con dos equipos de interlocutores más que simbólicos: Carmelo Gómez -el gran referente del susanismo en este pulso interno del PSOE que vuelve a la primera línea- y José Muñoz por el Regional y Javier Fernández y Francisco Toscano -el máximo referente del municipalismo- por otro. Según el Provincial hubo "un veto" expreso a Cousinou -que niega el Regional- y se tensó el pulso hasta el final con Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, la petición expresa del federal, que quedó relegado finalmente al noveno puesto. Según el Regional, fue un enfrentamiento entre los sectores afines a Viera lo que impidió un acuerdo que se rozaba. Pero lo cierto, en cualquier caso, es que ambos guardaban un Plan B y eso fue lo que hizo fracasar las conversaciones. Viera estalló ante la amenaza de que el Regional presentaría su propia lista en la Ejecutiva Provincial; y el sector afín a Susana Díaz se rebeló al conocer que la dimisión de Viera ya estaba firmada y que se había ocultado.

Si Viera había dimitido antes de la negociación, ¿por qué lo hizo? "Había llegado al límite, la situación era intolerable", repiten en su entorno. "Quería salir como víctima antes de ser inculpado en la instrucción del caso de los ERE", apuntan en el otro sector. La realidad suele estar en un punto intermedio. La instrucción de los ERE había llevado a Viera a una situación personal muy delicada y a una cierta "amortización política" asumida incluso en su entorno que preparaba un relevo tranquilo, y en este escenario la presión del sector afín a Susana Díaz por controlar el PSOE de Sevilla acabó por rebelarle a él y a al menos la mitad de los dirigentes socialistas que ayer, aunque lamentaban, comprendían su dimisión.

La listas sólo fueron el último detonante. La gota que colmó el vaso. Y ni siquiera Viera era el eje del conflicto. Éste puede incluso empeorar tras su salida en una escalada que no se detendrá hasta el próximo congreso provincial de primavera, dónde realmente apunta todo lo ocurrido. El PSOE de Sevilla se divide entre afines a Susana Díaz y convencidos adversarios de la número dos de los socialistas andaluces. Y ambos tienen capacidad aún de elevar el tono de la batalla. Con la aprobación definitiva de las listas, con la composición de la gestora, o incluso con una maniobra que acabe derrumbando el gran bastión del susanismo en Sevilla, la Diputación Provincial de Sevilla

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