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La falta de agua oprime Doñana

Científicos y ecologistas piden que se aceleren los aportes y se persigan los pozos

el 02 ene 2010 / 19:19 h.

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Panorámica del Parque de Doñana, amenazado de nuevo por la falta de agua.

Doñana se secará si no triplica el caudal de agua que ahora recibe y, más aún, si no se pone cerco al riego ilegal en la comarca, que cuenta con más de mil pozos ilegales que empapan más de 3.000 hectáreas. La situación es, a día de hoy, reversible, pero hay que actuar ya para que el daño no se convierta en irreparable. El Parque Nacional tiene un espejo en el que mirarse para ver su rostro futuro si las cosas no cambian con urgencia: se llama Daimiel, su humedal hermano, la otra joya de la corona de España, y donde apenas el 1% de la superficie está inundada en la actualidad. Hasta fuegos subterráneos torturan su suelo, tan severa es la sequía que arrastra desde hace cuatro años.

La radiografía de Doñana no es un dibujo de agoreros ecologistas, sino un diagnóstico avalado por expertos de la Universidad de Huelva y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Como explica Fernando Hiraldo, director de la Estación Biológica de Doñana, el parque soporta problemas "gravísimos" como el hecho de que el nivel freático -la capa del subsuelo que contiene las aguas subterráneas acumuladas- esté bajando constantemente, sobre todo en la zona noroeste. "Se han pedido ya 15 metros que no se recuperarán. Eso no va a ocurrir, ya ha ocurrido y puede seguir avanzando si no se actúa ya. Hoy es reversible, pero no creo que lo sea por mucho más tiempo", detalla.

El principal motivo por el que baja ese nivel, más allá de la falta de lluvia y la evaporación por calor, es que se está "extrayendo mucha agua" de forma incontrolada. Según datos de WWF/España, hay 3.000 hectáreas de regadío ilegal en el parque, con un millar largo de pozos que extraen agua sin autorización y esquilman el acuífero del que se nutre básicamente Doñana, el Almonte-Marismas. El último ejemplo de ilegalidad fue el descubrimiento por parte del Seprona (los especialistas en protección de la naturaleza de la Guardia Civil), el pasado noviembre, de una balsa de agua ilegal de unos 200.000 metros cúbicos.

Hiraldo reconoce que la negociación con los agricultores para que modifiquen este pernicioso hábito es "muy lenta", por lo que pide a la Junta de Andalucía "más celeridad" a la hora de presionar, de aplicar sanciones y de reconducir la situación.

Al problema de la cantidad del agua el CSIC suma el de la "calidad" de las mismas, ya que sufren una eutrofización -un enriquecimiento en nutrientes- excesivo por culpa de las escorrentías que provienen de los cultivos intensivos y que terminan en el acuífero. "Ya no se dan permisos para más cultivos intensivos, pero el problema de los que ya existían se mantiene", lamenta. La zona, pese a todo, está evolucionando hacia cultivos ecológicos -Doñana es el segundo rincón de España con más hectáreas de este tipo-, pero se da la contradicción de que hay parques que, aplicando ya estos modelos, que son los defendidos por científicos y conservacionistas, siguen usando aguas ilegales. "Ahí no podemos entrar como un elefante en una cacharrería, porque el sector genera 1.200 puestos diarios y porque los agricultores ya se están concienciando de que es rentable y no se les puede ahuyentar. Hay que ir despacio", insiste Hiraldo.

Nuevos aportes. Ecologistas en Acción y WWF van más allá y sostienen que el parque necesita unos 200 hectómetros cúbicos de aguas (entre superficiales y subterráneas) para no secarse. Actualmente, no recibe más que un 20% del agua que requiere para mantener sus humedales, según el estudio elaborado por el profesor Rafael Sánchez. El experto en hidrografía afirma que ahora sólo se está inundando un tercio de la extensión total del parque, "lo que ocasiona la pérdida del 60% de importantes comunidades vegetales" y "amenaza la supervivencia de aves tales como la garceta o el avetoro". Preservar el caudal y no derivarlo a riego, además de la urgente restricción de pozos, permitiría lograr esos nuevos aportes.

Hiraldo lamenta que el Gobierno central no se implique en el parque, "porque es nacional, aunque la Junta ya tenga las transferencias". "Se va a perder una joya por cuatro duros", afirma. Confía en que la futura Ley de Aguas (que se debate ya en el Parlamento) proteja más el enclave y reconoce que falta una herramienta fundamental en materia de agua, en Proyecto Doñana 2005, que está "parado" por precisiones técnicas y desacuerdos de las partes implicadas.

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