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La falta de recursos sociales impide erradicar los núcleos de chabolas

Las personas que viven en la calle son expulsadas por la Policía cada semana, pero regresan al mismo lugar a las pocas horas.

el 25 sep 2011 / 19:40 h.

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El Paseo Juan Carlos I, el sábado pasado.

El acoso policial contra las personas que viven en la calle no ha logrado variar un ápice su situación, a pesar de los anuncios municipales sobre la erradicación de asentamientos chabolistas por toda la ciudad. Este periódico pudo comprobar la noche del sábado que los lugares ocupados por gente sin casa que vive en tiendas de campaña, o duerme al raso en calles del Centro o de Triana, son exactamente los mismos que cuando, hace un año, El Correo recorrió esa ruta con la ONG Solidarios, que acude a visitarlos para prestarles ayuda.

Su número no se ha reducido a pesar de las constantes operaciones policiales que el Ayuntamiento da a conocer todas las semanas y en las que asegura estar "erradicando núcleos de chabolas". En realidad nunca son chabolas, sino tiendas de campaña o los cartones con los que se cubren para dormir. Ni tampoco se erradican: la realidad es que los operativos policiales desmontan los asentamientos, los limpian y expulsan a sus habitantes, que ante la falta de alternativas para guarecerse regresan a los mismos lugares unas horas después. Ellos mismos lo explican: "Si tuviéramos adónde ir, no estaríamos aquí", protestaba un mujer que vive en los bajos del paseo Juan Carlos I, y que no quiso que su nombre fuera publicado. "Con estas intervenciones periódicas sólo consiguen desesperarlos, nada más", aseguran voluntarios que trabajan en este ámbito.

La presencia de otros recursos a los que están acostumbrados, sobre todo comedores gratuitos como los del Pumarejo o la Encarnación, son también motivos para que los sin hogar regresen. La dureza de las relaciones en la calle hace que estas personas se aferren al comedor que conocen y al lugar en el que saben que pueden ducharse, antes que probar suerte en otros lugares en los que pueden tener problemas.

Sus perfiles son muy variados, desde quienes se quedaron sin trabajo y sin casa por un bache económico y ya nunca lograron remontar, hasta los que se engancharon a alguna adicción. Con frecuencia sufren trastornos mentales, que se agravan por las condiciones de vida que llevan en la calle. En Sevilla rondan los 200, según los cálculos de las ONG.

Las entidades que trabajan con ellos alertan además de que la falta de alternativas sociales ha llevado al estancamiento de las políticas destinadas a los sin hogar, que no se están adaptando a las nuevas realidades. Aseguran que a quienes llevan años viviendo en Sevilla se les han sumado en los últimos dos años muchos extranjeros de un perfil distinto, a veces con niños, que van de camino a alguna campaña de recogida agrícola y terminan asentándose en Sevilla. Hacia estas personas el trato debería ser diferente, pero las mesas técnicas creadas para adoptar medidas contra el chabolismo no presta atención a esa nueva realidad. "Es una situación que ha desbordado por completo a la administración y que alguien tendría que abordar de una manera completamente distinta a cómo se ha hecho hasta ahora", avisan estas entidades.

Hay otro fenómeno que preocupa mucho a las personas que trabajan con los sin hogar, y es la forma en que el Ayuntamiento, y en consecuencia los medios de comunicación, difunden estas actuaciones policiales: "El tratamiento que se les da está creando una opinión muy negativa de los sin techo, porque sólo se habla de ellos desde el punto de vista de las molestias que causan a los vecinos, o de la basura que generan, dejando a un lado que son personas", coinciden varios voluntarios de ONG que trabajan con personas sin hogar. Uno de ellos va más allá al temer que esto "pueda crear un caldo de cultivo que dé lugar a episodios de violencia contra ellos", como ya ha ocurrido en ocasiones en ciudades españolas en las que se llegó a prender fuego a indigentes.

Las personas que trabajan con este colectivo cuestionan además los motivos por los que estas campañas se intensifican: "Suele responder a la presión de los vecinos por algún motivo concreto: hace un año hubo un brote de sarampión en los colegios que se pensó que venía de un asentamiento; otras veces es por las quejas vecinales, y en esta ocasión se están realizando muchas intervenciones en el Charco de la Pava, coincidiendo con la presencia del Circo del Sol".

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